lunes, 12 de abril de 2010

El costo de la crisis en EE.UU. es menor a lo previsto



Por Deborah Solomon (Bloomberg)

Washinton.- El salvavidas que el gobierno de Estados Unidos lanzó para rescatar a compañías en problemas y los mercados financieros parece menos oneroso y prolongado de lo que se temía.
Las empresas que hace apenas unos meses funcionaban como zombies empiezan a devolver las inyecciones de recursos fiscales que recibieron en medio de la crisis financiera y el costo del rescate se ha reducido a una fracción de lo que se había estimado previamente.

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Funcionarios del Departamento del Tesoro de EE.UU. estiman que el costo final podría ascender a US$89.000 millones, una cuenta que incluye el Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), las inyecciones de capital en los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac, garantías de préstamos emitidas por la Administración de Vivienda Federal y medidas de la Reserva Federal como la compra de valores respaldados por hipotecas y el apuntalamiento del mercado de papeles comerciales.
El Departamento del Tesoro se siente cada vez más optimista de que incluso American International Group Inc. (AIG) funcione en forma independiente en un año. Según fuentes cercanas, el gobierno evalúa formas de desprenderse de su participación de 80% en la aseguradora. AIG se encamina a pagar el préstamo de la Fed a través de ventas de activos que recaudarán US$51.000 millones.
El Tesoro estadounidense, asimismo, planea vender su participación de US$32.000 millones en Citigroup Inc. mientras que General Motors Corp. da los pasos necesarios para devolverle al gobierno su inversión de US$6.700 millones y prepara su regreso a la bolsa en unos meses. Las dos empresas quedarían libres de restricciones estatales este año.
Hace apenas un año, la Oficina de Presupuesto del Congreso estadounidense y la de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca estimaron que el costo del paquete de rescate bordearía los US$250.000 millones. Sin embargo, el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, dijo el mes pasado que la cifra llegaría a "menos de 1%" del Producto Interno Bruto. La proyección de US$89.000 millones es 42% más baja que el costo de la crisis de ahorro y préstamos que agobió a EE.UU. a finales de los años 80 y comienzos de los 90.
El precio más bajo de lo esperado refleja la veloz estabilización de los mercados financieros, lo cual ha ayudado a las empresas a devolver el dinero de los contribuyentes (a menudo con interés) y le ha permitido a Washington gastar menos en algunos programas de asistencia que lo que había proyectado.
El gobierno también recibe dividendos, pagos de intereses e ingresos por otros programas de rescate relacionados que varían desde el pago de 5% de interés anual sobre la deuda de US$1,5 billones (millones de millones) de Fannie Mae y Freddie Mac hasta US$4.000 millones provenientes de la venta de bonos de prenda (warrants) que recibió a cambio de sus participaciones en las empresas que recibieron fondos del TARP.
De todos modos, el costo directo del rescate palidece frente al impacto económico y político, dicen muchos expertos. Es probable que EE.UU. demore varios años en recuperarse de la miseria económica, el incremento de la deuda, la pérdida de ingresos fiscales y la agitación política desencadenada por la crisis financiera.
"Si se mira el precio de la crisis financiera… los costos del rescate son a menudo una pequeña parte", dijo Kenneth Rogoff, profesor de economía de la Universidad de Harvard y coautor de un libro sobre la historia de las crisis financieras.
El gobierno estadounidense, por ejemplo, aún suministra apoyo crítico a los mercados financieros y de bienes raíces. Y el Estado seguirá con una carga importante sobre sus hombros: con una inyección directa del gobierno de US$125.900 millones, se espera que Fannie Mae y Freddie Mac sigan dependiendo por años de las arcas fiscales. Ambas instituciones tienen una línea de crédito ilimitada con Washington.
De acuerdo con la Oficina de Presupuesto del Congreso, se espera que las pérdidas relacionadas con los portafolios de inversión de Fannie Mae y Freddie Mac alcancen US$370.000 millones para 2020, aunque la cifra puede fluctuar dependiendo de la salud del mercado inmobiliario.
El malestar generalizado del público hacia los rescates ha complicado la capacidad del gobierno de Barack Obama de conseguir la aprobación de iniciativas clave en el Congreso, como la reforma financiera. "¿Cómo le pone un precio a la ira popular que ha contaminado la formulación de políticas económicas?", dijo Anil Kashyap, economista de la Universidad de Chicago, quien ha criticado el programa de rescate del gobierno estadounidense.
Los economistas señalan que las preocupaciones económicas y financieras han restado varios miles de millones de dólares a la recaudación tributaria. Los impuestos a la renta corporativos e individuales descendieron drásticamente, mientras que los impuestos a las ganancias de capital se han movido al son de los mercados bursátiles. Los ingresos del gobierno estadounidense para 2009 se ubicaron en US$2,1 billones, unos US$200.000 millones por debajo de lo proyectado por la Oficina de Presupuesto del Congreso.
De todas maneras, de los US$245.000 millones inyectados en los bancos, el gobierno ha recuperado US$169.000 millones hasta el momento y se estima que obtendrá una ganancia de US$8.000 millones.

La venganza del Generalísimo



Por Martín Granovsky

El juez que también quería ser arquero afronta el momento más difícil de su carrera. Y ese momento coincide con un hecho: en 2008 se declaró competente para juzgar crímenes de la Guerra Civil española y del franquismo.

Es curioso. En los últimos 25 años Baltasar Garzón investigó de todo y a todos. Indagó a los parapoliciales de los GAL, los Grupos Antiterroristas de Liberación vinculados con el Ministerio del Interior durante el gobierno de Felipe González. Indagó a los jefes del narcotráfico gallego. Indagó a miembros de la ETA. Indagó a los fundamentalistas islámicos con base en España. Consiguió el arresto del generalísimo Augusto Pinochet en Londres. Por esas causas, entre otras, vive bajo custodia estricta. Juega al fútbol (no podría dejar de hacerlo un admirador de Iker Casillas, el arquero del Real Madrid) y come afuera en Nueva York o Buenos Aires. El resto del tiempo vive envasado: las amenazas múltiples lo convirtieron en un blanco móvil para gente muy enojada de los orígenes más diversos.

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Garzón siempre fue polémico, activo y protagónico. No es de esos tipos que se desviven por ganar la simpatía de todos los demás. Cuando pasó por el gobierno de Felipe González con un cargo de jefe antidrogas, sorprendía con procedimientos sorpresa a sus propios colegas de gabinete. Felipe hasta le pidió a un ministro que siguiera sus pasos y lo mantuviera al tanto. Cuando peleó para que la Justicia española pudiera pedir al Reino Unido la extradición de Pinochet –internado en 1998 en una clínica de Londres– inquietó a los que descreían de la jurisdicción universal del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Carlos Menem se parapetó contra una posible cascada de extradiciones de represores argentinos mediante un decreto especial. Fernando de la Rúa lo mantuvo y sus ministros de Justicia defendieron ese decreto inconstitucional como si se tratase de la Constitución. Luego Néstor Kirchner terminaría por derogarlo, lo cual fue una señal doble. Por un lado, Garzón podría extraditar. Por otro lado, no le sería necesario hacerlo: la Argentina terminaría de juzgar por sí misma a los victimarios. Era lo que el propio juez susurraba en privado. Garzón decía que la jurisdicción española era no solo posible sino obligatoria ante la falta de persecución penal en el sitio de origen, la Argentina.

¿Colgar la toga?

Siempre pendiente de un hilo, la suerte de Garzón comenzó a ponerse más tensa cuando se le ocurrió meterse con los crímenes de la Guerra Civil (1936-1939) y los asesinatos que, tras la victoria, cometió Francisco Franco hasta su muerte, en 1975. Justo a él le pasa. Justo a un andaluz de Jaén, nieto de labriegos y aparceros, que nació en el número 89 de la calle que el 26 de octubre de 1955 todavía se llamaba “del Generalísimo”. Era por Franco, coño, Generalísimo por la Gracia de Dios.

El juez Luciano Varela, del Tribunal Supremo, quiere destituir a Garzón. Sostiene que cometió prevaricato cuando dijo ser competente para investigar la suerte de 114.266 víctimas del franquismo bajo la figura de crímenes de lesa humanidad, que no prescriben y siempre pueden dar lugar a que sea abierta una causa. Un juez prevarica cuando sabe que actúa contra la ley e igual lo hace. Varela dice que la ley de amnistía de 1977, en plena transición democrática, le impedía a Garzón abrir esas causas. Prevaricato es una palabra fuerte en los tribunales. En la interesante biografía Garzón, el hombre que veía amanecer, la periodista Pilar Urbano cita una reflexión del juez: “¿Temeroso? No. En el momento en que un juez tenga miedo de sus propias decisiones ha de abandonar la carrera porque... ya está prevaricando. Si deja de aplicar una ley justa por temor a que le critiquen, a que le persigan, a que le difamen, a que perturben su vida privada, a que le maten... ese juez está mediatizado, ese juez ya es parcial: su miedo es su parte. Si nota eso, que cuelgue la toga y se marche a su casa”.

El sistema español permite que la Justicia reciba ayuda cuando instruye y acusa. Cuando Garzón juzgó a Pinochet lo ayudaron los abogados que llevaban las causas de los crímenes cometidos en América latina, encabezados por Joan Garcés, asesor de Salvador Allende entre 1970 y 1973, y el argentino Carlos Slipoy, exiliado en España primero y residente en España después. Aluns Jones representaba entonces a los españoles ante la Cámara de los Lores, donde recordó que Pinochet había asistido a los funerales de Franco y recomendó investigar las relaciones entre los grupos operativos pinochetistas que atentaban contra exiliados y los servicios secretos franquistas. A Varela, estos días, lo ayudan Manos Limpias y Falange Española.
El mito del ausente

Manos Limpias es una organización de ultraderecha presidida por Miguel Bernard, que reivindica a Blas Piñar, un funcionario de Franco que ocupó el Instituto de Cultura Hispánica, suerte de cancillería cultural del régimen para compartir proyectos con las derechas extremas de América latina. Cuando, en democracia, Piñar languidecía, le daba oxígeno desde el otro lado de los Pirineos el neofascista francés Jean-Marie Le Pen.

El nombre completo de Falange Española es Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. En su web www.fa lange.es la organización usa la sigla FE JONS. Es el remedo de la fuerza que creó José Antonio Primo de Rivera en 1933, el mismo año del triunfo de Adolf Hitler en Alemania, y utilizó como instrumento de masas Franco desde 1936, cuando se levantó contra la República y desató la Guerra Civil. Primo de Rivera no pudo combatir: fue fusilado el 20 de noviembre de 1936. Curiosamente, fue la misma fecha en que moriría Franco, en 1975. Curiosamente o no, quién sabe. Ya moribundo, Franco fue mantenido artificialmente con vida durante varios meses y recién desentubado cerca de la medianoche del 19 de noviembre. El certificado de defunción fue expedido en las primeras horas del 20.

El historiador aragonés Julián Casanova describe en República y Guerra Civil, uno de los volúmenes de la Historia de España que dirigieron Josep Fontana y Ramón Villares, hasta qué punto Franco fue astuto. Relata cómo construyó desde Primo de Rivera lo que llama “la leyenda del ausente”, el mito del líder popular falangista presuntamente muerto con valentía y honor a los 33 años. Conviene leer el jugoso análisis de Casanova sobre la Falange, el franquismo, los republicanos y la lógica de la violencia: “La conclusión parece clara: la violencia fue inseparablemente unida al golpe de Estado y al desarrollo de la Guerra Civil. Simbolizada por las ‘sacas’, ‘paseos’ y asesinatos masivos, sirvió en los dos bandos en lucha para eliminar a sus respectivos enemigos, naturales o imprevistos. Fue una parte integral del ‘glorioso Movimiento Nacional’, de su asalto a la República y de la conquista gradual del poder, palmo a palmo, masacre tras masacre, batalla tras batalla”. Y sigue así Casanova: “(La violencia) se convirtió asimismo en un ingrediente básico de la respuesta multiforme y desordenada que las organizaciones políticas y sindicales de izquierda dieron al golpe militar. Más que una consecuencia de la guerra, como puede a veces creerse, esa violencia fue el resultado directo de una sublevación militar que llevó con ella desde el primer instante el asesinato impune y el tiro de gracia. Un plan estratégicamente diseñado que, donde falló, encontró una réplica armada súbita y feroz contra los principales protagonistas de la sublevación y contra quienes eran considerados sus compañeros materiales y espirituales de armas”. Y el historiador termina de este modo su análisis: “En esa operación de exterminio, los sublevados contaron además desde el principio con la inestimable bendición de la Iglesia católica. El clero y las cosas sagradas, por otro lado, constituyeron el primer blanco de las iras populares, de quienes participaron en la derrota de los militares rebeldes y de quienes protagonizaron la ‘limpieza’ emprendida en el verano de 1936”.
Conspiraciones y crisis

Las conspiraciones en la historia existen, pero las teorías conspirativas sirven poco. Cuando los investigadores descubren el hilo de una conspiración ya no hace falta hablar de teorías conspirativas. Son hechos. Mientras la conspiración no sea una evidencia histórica, la honestidad intelectual aconseja plantear los hechos dejando siempre el margen que el azar se merece en la vida de los hombres.

La moderna España de hoy no es la del ’33, ni la del ’36 ni la del ’39. Tampoco la del Franco agónico del ’75 ni la España de la transición, ni la del Felipe González que gana por primera vez en 1982. Es la España de la Unión Europea, que respeta el desarrollo de las autonomías y las libertades individuales y en la que el primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero acaba de impulsar, hasta la aprobación, la ley de aborto despenalizado gracias al voto de la mayoría entre los diputados de las Cortes y en el Senado.

Sin embargo, España padece justo hoy una crisis económica feroz, con cálculos que estiman tres millones de nuevos desocupados para el período 2007-2010.

La crisis erosionó –aunque sin pulverizarla, porque su piso propio es alto– la popularidad de Zapatero. Según la consultora Sigma-2, si hoy hubiera elecciones los socialistas obtendrían el 37,7 por ciento de los votos y serían derrotados por los conservadores del Partido Popular de Mariano Rajoy por el 43,5 por ciento. Es la primera vez que el PSOE queda por debajo en una encuesta desde que Zapatero asumió el primer gobierno por voto popular y encargo del rey Juan Carlos, en el 2004.

Y con la crisis los irascibles de ultraderecha se animan un poco más, a pesar de que los gobernantes no hayan dejado de representar a la mayoría. La prueba de la mayoría es la votación laica del Congreso por la cuestión del aborto: cada quien decide de acuerdo con su conciencia y no será penado por ello. El indicio de que la extrema derecha política es impopular pero tiene arraigo en antiguos poderes lo muestra la iracundia de algunas declaraciones. Una es la que realizó el año pasado monseñor Antonio Cañizares, ex cardenal primado de España y actual cardenal prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano: “El aborto es peor que la pedofilia”. “No es comparable lo que haya podido pasar en unos cuantos colegios con millones de vidas destruidas por el aborto”, dijo Cañizares. Otra declaración fue emitida el jueves último: “Hay menores que desean el abuso e incluso lo provocan”, dijo Bernardo Alvarez, obispo de Tenerife.

Este clima rodea en España las acusaciones contra Garzón. Pero nadie puede decir hoy cuál será el resultado. En 1998, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, también opinaba que Garzón se había extralimitado en el caso Pinochet y pronosticaba su defenestración. Antes, le había asegurado al auditor militar chileno Fernando Torres Silva que Pinochet podía viajar a Europa sin peligro porque la jurisdicción universal no sería reconocida en España. El general chileno lo grabó: además de ser fiscal militar, Torres Silva estaba acusado de tortura.

En unos apuntes que, según Pilar Urbano, Garzón escribió cuando los lores ingleses reconocieron la jurisdicción española, el 24 de marzo de 1999, puede leerse una reflexión: “Lo histórico es que se reconoce que no cabe inmunidad para un ex jefe de Estado por los crímenes que cometió y mandó cometer durante su mandato. Otro punto claro: los países que firman un convenio penal no adquieren un derecho sino una obligación de perseguir y juzgar determinados delitos ocurran donde ocurran: justicia sin fronteras”.

Sería bueno saber qué estará escribiendo hoy, en estado de alerta, el juez que también quería ser arquero. ¿Pensará en la venganza del Generalísimo? Pero, ¿de cuál? ¿De Pinochet o de Franco?

viernes, 9 de abril de 2010

New York Times, The Economist, Le Monde y Süddeutsche Zeitung: la acusación contra Garzón es un escándalo

Una injusticia en España. Así titula The New York Times el alegato en defensa de Baltasar Garzón que publica hoy. En un duro editorial contra la causa abierta contra el magistrado, que califica de "políticamente motivada", el prestigioso diario afirma: "Los crímenes reales en este caso son las desapariciones [durante la guerra civil y la dictadura franquista], no la investigación de Garzón".

"España necesita una explicación honesta de su turbulento pasado, no perseguir a aquellos que tienen el valor de exigirla", afirma el periódico neoyorquino.

Según el NYT, la querella contra el juez de la Audiencia Nacional debería haber sido rechazada por los tribunales. La posible suspensión en sus funciones por 20 años a la que se enfrenta "complacería a sus enemigos políticos, pero sería una parodia de la justicia".

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El diario argumenta que si, como parece probable, las desapariciones de más de 100.000 personas durante la represión franquista son crímenes contra la humanidad de acuerdo con el Derecho Internacional, la ley de amnistía de 1977, que Garzón ignoró deliberadamente según el juez Luciano Varela, "no puede absolverlos legalmente".

Una condena a Garzón, a quien el NYT califica de juez "arriesgado y controvertido que se ha granjeado muchos enemigos", "acabaría de hecho con una carrera dedicada a hacer que terroristas y dictadores paguen por sus crímenes".

Aunque al juez "le atraen los casos notorios y algunas veces se extralimita", "su objetivo constante ha sido negar la impunidad a los poderosos y extender el ámbito de las leyes internacionales sobre derechos humanos", afirma el diario. Por eso, "se debería permitir a Garzón volver a ese trabajo lo antes posible".

The Economist

El resto de la prensa internacional también se hace eco del proceso contra el juez español. "El Generalísimo Francisco Franco, dictador de España durante 36 años, seguramente se estará riendo en su tumba", empieza un artículo del semanario económico británico The Economist titulado 'Judge not': no Juzgues.

"El caso es otra prueba de la tendencia de Garzón a actuar como pararrayos de los temas que más inquietan al país", dice el artículo. "La corrupción, el terrorismo, el delito organizado y, ahora, el fantasma del violento pasado español han pasado bajo el escrutinio del magistrado, de 54 años. Su decisión de probar las atrocidades franquistas se tomó varios años después de que las familias de las víctimas comenzasen sus propias investigaciones, desenterrando las fosas comunes dejadas por los escuadrones de muerte y exponiendo las injusticias de un doloroso periodo que el resto del país había envuelto en silencio. Los detractores de Garzón sostienen que está más interesado en promoverse a sí mismo que en la causa de la justicia".

Le Monde

El diario francés, en un artículo firmado por el periodista Jean Jacques Bozonnet, resume las actuaciones contra Garzón del siguiente modo: "El proceso del juez se basará en argucias de procedimiento, pero lo que atrae a la prensa es su dimensión política"

Süddeutsche Zeitung

El diario alemán publica un artículo de opinión de Javier Cáceres titulado 'Víctima de los poderosos'. "Al margen de que esta postura la defienden reconocidos juristas y, por lo tanto, la acusación de prevariación contra Garzón quedaría neutralizada, el hecho de que Garzón vaya a sentarse en un banquillo debido a una acusación presentada por los herederos ideológicos de Franco, entre ellos el partido fascista Falange, resulta escandaloso", dice. "El caso de Garzón es además un nuevo ejemplo de la nefasta politización de la justicia española. Así pues, lo que se está estatuyendo con Garzón debe servir como ejemplo: Nadie se enfrenta con los poderosos sin ser castigado por ello".

Amnistía Internacional considera "insólito" que Garzón sea juzgado por buscar la verdad



Por Amnistía Internacional (España)

El juez Baltasar Garzón puede ser juzgado por un presunto delito de prevaricación por investigar las desapariciones ocurridas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Amnistía Internacional considera insólito que un magistrado pueda ser juzgado por buscar la verdad, la justicia y la reparación para más de 100.000 personas desaparecidas durante la Guerra Civil española y la posterior dictadura franquista.

La Ley de Amnistía de 1977 ha sido invocada para perseguir al único juez que ha intentado dar respuesta a víctimas de desaparición forzada y sus familias. Si este juicio se produce será el primer caso del que tenemos noticia, en todo el mundo, de que un juez es llevado al banquillo por intenta conseguir verdad, justicia y reparación para estas víctimas. Es un mensaje tremendo para otros jueces que lo intenten, en España y en el resto del mundo.

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Las leyes de Amnistía en un país no pueden entrar en contradicción con las normas internacionales de derechos humanos, y éstas dicen claramente que el crimen de desaparición forzada no es amnistiable, es imprescriptible, y que entorpecer su investigación es un delito.

Los familiares de los desaparecidos tienen derecho a conocer las circunstancias de su muerte, el paradero de sus seres queridos y poder ofrecer un entierro digno. Por ello, Amnistía Internacional, que trabaja por los derechos de la víctimas, se pronuncia en defensa de la legalidad internacional. El motivo ha sido el hecho que el Magistrado instructor en su auto de 3 de febrero expresase que el delito era no haber aplicado la Ley de Amnistía de 1977 a las desapariciones forzadas. La legalidad internacional es muy clara al respecto y sostiene que estos delitos no se pueden someter ni a prescripcion ni a amnistías ni a ningún tipo de mecanismo de impunidad.

Para Amnistía Internacional la mayor preocupAción de este proceso es que se está poniendo en juego uno de los principios mas importantes de la legalidad internacional y con ello los derechos de las víctimas.

El Estado español es responsable ante las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo

España tiene el deber de poner fin a la prolongada injusticia de la que han sido objeto las víctimas de desaparición forzada y otros crímenes y sus familiares, llevando a cabo las investigaciones necesarias para dar con el paradero de los restos de estas personas, y esclarecer las circunstancias en que tan graves abusos se produjeron.

De acuerdo con el Derecho Internacional, los crímenes contra la humanidad no son susceptibles de amnistía, indulto o prescripción. Es decir, el Estado español no puede sustraerse a la obligación de investigar estos crímenes, y debe poner fin a la impunidad garantizando a las víctimas y a sus familiares su derecho a la verdad, la justicia y la reparación integral.

No es posible que los Tribunales españoles – en base a sus obligaciones bajo el derecho internacional - hayan asumido su competencia para investigar y perseguir los crímenes más graves de derecho internacional cometidos en países como Chile y Argentina, en cuyas causas han sostenido que las leyes de amnistía así como cualquier otra medida análoga carecen de validez en España, y se abstengan de investigar crímenes similares cometidos en su propio país.

Más información en nuestros informes:

La obligación de investigar los crímenes del pasado y garantizar los derechos de las víctimas de desaparición forzada durante la Guerra Civil y el franquismo. (noviembre de 2008).

Víctimas de la Guerra Civil y el franquismo: No hay derecho. (noviembre de 2006).

Poner fin al silencio y a la injusticia. La deuda pendiente con las víctimas de la Guerra Civil española y del régimen franquista (enero de 2005)

Lo que se esconde dentro del narco


Por Martín Granovsky
(Página 12, Buenos Aires)

Los periodistas acostumbran discutir si deben imponerse a sí mismos restricciones para entrevistar a una persona cuando se trata de un asesino o de alguien buscado por la Justicia. Julio Scherer García suele terciar en esa polémica con esta frase: “Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”.

A los 84 recién cumplidos, Scherer es una de las leyendas de México. Pero una leyenda viva: tal como publicó Página/12, acaba de aceptar una entrevista con el narco Ismael Zambada García, “El Mayo”, jefe del Cartel de Sinaloa, y escribió la nota. La tapa del semanario Proceso los muestra juntos para atestiguar que fue verdadero el encuentro en el que Scherer preguntó a Zambada cómo se inició en el narco y él contestó: “Nomás”. “¿Nomás?”, repreguntó Scherer. “Nomás”, repitió Zambada.

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Scherer fue director del Excelsior hasta 1976, cuando el entonces presidente Luis Echeverría decidió tumbar el proyecto editorial del diario. La historia está contada en dos novelas, La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín, y Los periodistas, de Vicente Leñero.

En cuanto a Proceso, no es una revista pro-narco sino lo contrario. Critica la guerra militar ejecutada por el presidente Felipe Calderón porque ya produjo 18 mil muertos y demostró no ser eficaz para acabar con la criminalidad y la violencia.

Scherer muestra a un Zambada de 60 años, casado, padre de cinco mujeres, con 15 nietos y un bisnieto, y capaz de hablar con realismo cínico sobre la militarización de la lucha antinarco: “Es una guerra perdida porque el narco está en la sociedad, como la corrupción”.

Zambada dice que siempre tiene miedo, que lo atraparán “en cualquier momento o nunca”, y que por eso se encierra en el monte mientras dirige sus negocios en México o en los Estados Unidos, donde desde 2003 figura en la lista de buscados.

Al margen de la entrevista, el último número de Proceso acompaña un informe que detalla la capacidad de “penetración institucional” del narco, incluyendo “el ejército, sus cuantiosas actividades financieras y su aptitud logística para mover droga, dinero y armas”.

Da un ejemplo: Jesús Vizcarra Calderón, sospechado de vinculaciones con el narco y precandidato del Partido Revolucionario Institucional, hoy en la oposición, a gobernar Sinaloa.

Heredero del Partido Nacional Revolucionario y del Partido de la Revolución Mexicana, el PRI gobernó México con este nombre entre 1946 y 2000. Amplio, fundido por épocas con el Estado y los grandes sindicatos, capaz de nacionalizar el petróleo con Lázaro Cárdenas y emular a Carlos Menem con la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, el PRI da pie para que exista un Vizcarra, pero también un antinarco como el jurista Alfonso Navarrete Prida.

Es interesante la perspectiva histórica de Navarrete. Sostiene que los Estados Unidos, incapaces de disminuir la demanda de droga en su propio mercado, optaron por impedir que la oferta fluyera desde México. Para eso habrían diseñado el plan militar que aplicó Calderón.

Su conclusión es digna de ser tomada en cuenta en todo el continente. “Esto generó que el transportista tuviera que coaligarse con organizaciones locales, de las comunidades, de los municipios, quienes al tener un nuevo elemento que vender evolucionaron rápidamente y entonces empezó la lucha por el territorio, por la plaza, y no por la ruta”, opina. Y remata: “La consecuencia inmediata fue el aumento de la violencia”.

El centroizquierda, en tanto, recomienda centrarse en los problemas sociales y de seguridad interna. Lo dice, por ejemplo, Marcos Carlos Cruz Martínez, del Partido de la Revolución Democrática.

En México, el pico de violencia coincidió con la nueva táctica anti-narco de los Estados Unidos y con la debilidad económica producto de que el país importó la crisis sin barreras, porque el 80 por ciento de su comercio exterior tiene como destino u origen el mercado norteamericano.

Un comentario soltado al pasar en el semanario conservador inglés The Economist añade otro elemento al análisis de la cuestión narco. Un artículo duro contra Ecuador, “La lavandería andina”, critica al presidente Rafael Correa y al mismo tiempo cita que el uso del dólar como moneda local hizo que el país resultara “particularmente atractivo para los lavadores de dinero”.

Correa ya anunció que se propone salir de la dolarización, pero que sólo puede hacerlo a mediano plazo. El reemplazo del sucre por el dólar, decidido en enero de 2000 por el presidente Jamil Mahuad, fue una trampa emparentada con la convertibilidad de Domingo Cavallo y concretada en medio de la misma desregulación financiera internacional que afectó a la Argentina.

¿Saben cómo es el nombre del jefe del equipo que asesoró en 1996 al presidente ecuatoriano Abdalá Bucaram y en 1999 a Mahuad? Empieza con “cav” y termina con “allo”.

Finanzas, crisis social y captación del Estado parecen explicar el poderoso “nomás” que el viejo Scherer le arrancó a Zambada.