miércoles, 21 de octubre de 2009

Las empresas creen que la tormenta pasó


Por Timothy Aeppel, Cari Tuna y Justin Lahart
(The Wall Street Journal)

Los grandes conglomerados que le venden a otras empresas están adoptando un tono más optimista sobre el panorama para 2010, lo que constituye una señal de que una reactivación de la inversión podría darle un impulso a la aletargada economía estadounidense en los próximos trimestres.
Al divulgar sus resultados del último trimestre, el fabricante de maquinaria pesada Caterpillar Inc. y la empresa de partes hidráulicas Parker Hannifin Corp. se unieron el martes a un creciente coro de compañías que afirman que lo peor quedó atrás y que muchos clientes han reanudado sus compras, en lugar de limitarse a reducir sus inventarios.
Un mayor gasto de las empresas o indicios de que las compañías están aumentando sus planes de inversión sería significativo. El gasto en equipos, software y estructuras representó 9,5% de la demanda económica en Estados Unidos en el segundo trimestre, mucho menos que el 70% que correspondió al consumo, pero de todos modos un posible catalizador de una recuperación.
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No obstante, cualquier repunte del gasto es tentativo y se produce a partir de niveles deprimidos. Tanto Caterpillar como Parker-Hannifin, a pesar de prever un panorama más halagador, reportaron pronunciadas caídas en sus ingresos respecto a igual lapso del año pasado. Asimismo, algunas empresas que proyectan mayores ventas no anticipan un alza importante de su inversión de capital ya que pueden reactivar la producción que ha estado paralizada.
De todas maneras, el optimismo no se limita a las manufacturas. UAL Corp., la matriz de la aerolínea estadounidense United Airlines, espera que las ventas mejoren "a medida que las economías empiecen a recuperarse y vuelvan los viajes de negocios". Caterpillar, el mayor fabricante mundial de maquinaria de minería y construcción, informó el martes que su ganancia del tercer trimestre declinó 54% frente al mismo período del año previo, a US$ 404 millones, y que las ventas cayeron 44%. La empresa, sin embargo, detecta "señales alentadoras que indican que una recuperación podría estar en marcha" y proyectó un aumento de entre 10 y 25% en sus ventas del año entrante.
La empresa, cuyos negocios le permiten tener una visión privilegiada de la salud de la economía mundial, espera que los precios de la mayoría de las materias primas sigan siendo atractivos y que las empresas incrementarán tanto la producción como la inversión. Caterpillar espera que las economías de América Latina, Africa/Medio Oriente y la Comunidad de Estados Independientes deberían crecer entre 3 y 3,5% el próximo año.
Si Caterpillar experimenta un crecimiento de sus ventas para el próximo año, "seguramente gastaremos más" en equipos de capital y otras inversiones, dijo Dave Burritt, su presidente ejecutivo.
Algunas empresas ya están viendo un aumento en las ventas. La semana pasada, Intel Corp. atribuyó sus robustos resultados del tercer trimestre principalmente a las ventas de procesadores para computadoras portátiles. El fabricante californiano de chips también ha visto un incremento en las ventas de microprocesadores para sistemas de servidores que ayudan a reducir las cuentas eléctricas. "Lo que está impulsando el volumen en estos momentos no es una mejora del ciclo, sino la economía de los centros de datos", manifestó Paul Otellini, presidente ejecutivo de Intel, en una conferencia con analistas.
Muchas empresas, incluyendo General Electric Co. e Intel, anticipan una mejora del gasto empresarial, lo que a su vez impulsaría sus propias inversiones. Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, aseveró en una conferencia telefónica la semana pasada que "ahora tenemos la confianza para ser optimistas sobre nuestro futuro y, en consecuencia, vamos a invertir".
Aunque más optimistas, las compañías siguen cautas. Parker Hannifin, un fabricante de mangueras hidráulicas y equipos utilizados en una gran cantidad de productos, reportó ganancias mejores de lo esperado para su primer trimestre fiscal y aumentó sus previsiones para todo el año.
Su presidente ejecutivo, Donald Washkewicz, dijo que la compañía ha duplicado sus gastos de capital para el año fiscal que recién empezó, que ascenderán a US$ 250 millones. Advirtió que la mayoría del gasto no se realizará hasta bien entrado el proximo año, cuando quede claro que el repunte económico será sostenido y no habrá una recaída.
Don Norman, economista de Manufacturers Alliance/MAPI, advirtió que, aunque habrá más gasto, el tipo de inversión viene de una base baja. "El sentimiento general es que estamos empezando a salir, pero es una subida lenta", manifestó.

lunes, 12 de octubre de 2009

O Brasil adelanta, o la Argentina atrasa


Por Jorge Elías
(La Nación, Buenos Aires)

En 2003, antes de asumir la presidencia, Luiz Inacio Lula da Silva recibe un pedido que amerita un rápido tratamiento: su inminente par de Senegal, Abdoulaye Wade, necesita un avión para combatir la peor plaga de langostas en 15 años en Africa occidental. "Le dije que se quedara tranquilo -suelta Lula, años después, en una entrevista con LA NACION-. Creí que iba a ser sencillo. Pasaron seis meses. El avión no había salido. Llamé al comandante de la Fuerza Aérea. Me informó que el pedido debía ser tratado por el Congreso. Es diferente en otros países; tienen otros mecanismos legales. Chávez puede mandar tractores a Bolivia. Yo no puedo."
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Lula conoce sus atributos y sus limitaciones. Si bien Brasil no ha estado exento de escándalos de corrupción, las sospechas apenas han rozado sus suelas. En la Argentina, los Kirchner transmiten otra imagen: incrementan su patrimonio y, sin venia legislativa alguna, usan aviones y vehículos oficiales y comprometen fondos públicos en campañas electorales o por asuntos personales. Esa diferencia traza una línea más extensa que la frontera entre ambos países, socios mayoritarios del degradado Mercosur. Traza una línea tan extensa, en realidad, como las prioridades de cada gobierno: Brasil prevé su 2016; la Argentina revé su 1976.
Esa línea habrá influido en la decisión del candidato presidencial uruguayo José "Pepe" Mujica de comprarse un traje por primera vez en su vida, a los 64 años, y lidiar con el portuñol de Lula en lugar de cruzar el charco para obtener apoyos y votos. El ex líder tupamaro, de dolorosa trayectoria en los años de plomo, es el favorito para las elecciones presidenciales del domingo 25; vislumbra en el presidente brasileño el modelo que pretende seguir. Con Lula, no con los Kirchner, Mujica tiene en común un pasado de lucha desde trincheras diferentes y, a su vez, una historia de superación. La gente -como los países- no cambia: evoluciona.
En el primer año del gobierno de Lula, Néstor Kirchner fija sus prioridades en la plataforma electoral: "La alianza estratégica con Brasil, la profundización del Mercosur y la relación con los países asociados, Chile y Bolivia". La falta de apoyo de Brasil en las negociaciones con el FMI, la escasa colaboración del presidente uruguayo Jorge Batlle en la búsqueda de los restos de la nuera de Juan Gelman en Montevideo, el conflicto con Tabaré Vázquez por las pasteras y la crisis del gas con Chile alteran esas intenciones.
Liderazgo silencioso
En ese momento, en una reunión entre gallos y medianoche en un hotel de Asunción, Hugo Chávez seduce a Néstor Kirchner con su aparente deseo de revisar las inversiones de la petrolera Pdvsa en los Estados Unidos y volcarlas en la Argentina. Lula comulga con ambos y todos los demás, pero comienza a proyectar a Brasil hacia el exterior con la agenda que, en parte, hereda de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso. Surge de ese modo el indicio de un afán de liderazgo regional silencioso, jamás admitido, que no necesita ser declamado.
La creación de la Unión de Naciones Suramericana (Unasur), así como varias intervenciones conjuntas en países vecinos en apuros, deja de lado al Mercosur, exitoso colchón de los diferendos bilaterales entre Brasil y la Argentina, mientras Uruguay y Paraguay denuncian en vano sus asimetrías y Venezuela no logra la aprobación de Brasil y Paraguay para incorporarse como miembro activo. Su papel, a 18 años de la firma del Tratado de Asunción, queda relegado a pronunciamientos políticos y seguimientos económicos.
Por cuestión de días, Lula y Néstor Kirchner no aterrizan juntos en 2003 en China, socio con Brasil, Rusia y la India del grupo BRIC. Por cuestión de días, también, no cancelan juntos en 2005 las deudas soberanas con el denostado FMI. Por otra cuestión, tampoco revisan juntos esa medida ahora: Brasil se propone capitalizar al organismo con 10.000 millones de dólares; la Argentina, cuyo principal agente financiero externo es Venezuela, se propone retornar a los mercados de deuda con mediciones internas de dudosa legitimidad y acreedores externos insatisfechos.
En forma simultánea, el Brasil de Lula, "cansado de ser una potencia emergente", según su propia definición cuando es reelegido en 2006, planea la compra de armamento militar más grande de América latina; la Argentina de los Kirchner, habitualmente ensimismada y crispada, planea el refuerzo de la flota aérea a su disposición más grande de la historia.
En un país, mimado por los mercados y los líderes internacionales, habrá Mundial de fútbol en 2014 y Juegos Olímpicos en 2016; en el otro, insistente en culpar de su fracaso hasta a la CIA con sus "operaciones basura", habrá elecciones presidenciales en una fecha incierta, tras el cambio de las legislativas de este año, en 2011.
O Brasil adelanta, o la Argentina atrasa. Entre ambos, Mujica opta por estrenar su traje donde sabe qué hora es. En Lula, con mandato a plazo fijo hasta 2011, esa decisión tiene más valor que precio y que los elogios de Barack Obama.

sábado, 10 de octubre de 2009

Argentina: ¿de vuelta al financiamiento externo?


Por Mario Damill, economista investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES)

El tema del título fue discutido hace pocos días en una mesa redonda en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA en la que participé.
Quienes la convocaron proponían discutir qué cosas cambiaron para que alrededor de tres años después de la cancelación de la deuda con el FMI se vuelva a hablar de recurrir, eventualmente, al financiamiento del Fondo. Se pretendía también indagar acerca de las razones por las que la cuestión del riesgo de default sobre la deuda pública sigue permanentemente en el candelero.

¿Hace falta financiamiento, y para qué?¿Hay que recurrir al Fondo? Curiosamente, existe una visión “progresista” que defiende esa alternativa, argumentando que daría margen para proseguir, supuestamente, con las políticas de redistribución del ingreso que los gobiernos posteriores a 2003 habrían venido impulsando, y que de otro modo perderían impulso.

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¿Hay un problema de escasez de divisas?
Una de las razones para recurrir al financiamiento externo ha sido, durante décadas, la recurrencia de la escasez de divisas. Como se sabe, el balance de comercio con el resto del mundo en la economía argentina ha tendido generalmente a deteriorarse en las expansiones del nivel de actividad. Este hecho daba lugar a su vez a recurrentes déficits en la cuenta corriente del balance de pagos y, a la larga o a la corta, limitaba las posibilidades de crecer o bien generaba procesos de endeudamiento que, a un plazo mayor, también se constituían en una barrera para crecer.

No hace muchos meses, el desplome de los precios y de las cantidades exportadas, como consecuencia de la crisis global, hacía prever dificultades para 2009 en materia del abastecimiento de moneda extranjera requerido para sostener el normal flujo de pagos, entre otras cosas, de la deuda pública denominada en divisas. Eso hacía prever, además, un posible drenaje importante de las reservas de moneda extranjera en poder del BCRA, que tendría impacto negativo sobre la liquidez interna y sobre las expectativas.

Sin embargo, esos riesgos claramente se esfumaron. Actualmente se espera que este año se alcance un superávit comercial aún mayor al del año pasado, el que podría acercarse a los 15 mil millones de dólares, y se mantendrá superavitaria la cuenta corriente del balance de pagos.

El impresionante desempeño del balance comercial en medio de la crisis global no es totalmente virtuoso, puesto que se debe a la contracción de importaciones originada en la recesión, pero también a un aparentemente excesivo apriete regulatorio sobre las compras de bienes al resto del mundo, que parece estar teniendo efectos negativos sobre la producción de algunos sectores. Pero más allá de lo que pueda decirse acerca de la magnitud y de la eficiencia del ajuste del comercio, lo cierto es que está generando un flujo positivo de divisas impensado hasta hace muy poco.

Además, diversos factores hacen que ese superávit pueda considerarse bastante firme, entre ellos la recuperación económica que asoma en Brasil y que empieza a impulsar las exportaciones argentinas; la cosecha récord de soja que se aguarda para 2010, que superaría en 60%, en peso, a la de esta temporada; los precios de los bienes que la Argentina exporta, que si bien están lejos de los picos anteriores, no están en un nivel bajo en comparación histórica. Por otra parte, el país no tener como perspectiva una reactivación rápida, ya que si bien la producción habría encontrado un piso, la persistencia de importantes fuentes de incertidumbre, según comentamos luego, limitará seguramente el crecimiento de la demanda global y esto mantendrá a su vez acotado el aumento de las importaciones. De manera que no hay razones para esperar que el superávit comercial se deteriore fuertemente en el futuro inmediato. La oferta de dólares continuará, probablemente, muy fluida.

Como se indicó, la preservación de un elevado superávit comercial garantiza también que la cuenta corriente del balance de pagos (que incluye, además del comercio, los pagos netos por intereses y por utilidades y dividendos) mantenga también excedentes.

Un país que tiene superávit en cuenta corriente “gasta menos que su ingreso”. Eso quiere decir que no está utilizando “ahorros del resto del mundo”, sino que, por el contrario, ahorra adquiriendo activos del exterior. O bien, lo que es lo mismo, un país con superávit en cuenta corriente “financia al resto del mundo”, en términos netos. Eso viene haciendo la Argentina desde hace unos 8 años, y la situación se mantiene actualmente. Financiamos, en el agregado, al resto del mundo. El proceso de “desendeudamiento” es en parte reflejo de esto mismo. Desendeudarse es bajar la deuda neta con el exterior.

(Como curiosidad, cabe decir que la idea de “vivir con lo nuestro”, aplicada a este proceso macroeconómico, no es del todo precisa, porque cuando la deuda se está reduciendo, se vive, en cierto sentido, “con menos que lo nuestro”, es decir, el gasto de los residentes es inferior al ingreso nacional, justamente porque una parte de ese ingreso de hecho se utiliza para bajar la deuda o, lo que es lo mismo en un plano agregado, para financiar en términos netos al resto del mundo).

La forma financiera del excedente de divisas
Ahora bien, si el país está recibiendo un flujo positivo muy importante de divisas procedentes esencialmente de las transacciones comerciales excedentarias con las demás economías del planeta, ¿por qué razón eso no se refleja en una importante acumulación de reservas de divisas?

Para responder esa pregunta tenemos que examinar la contrapartida financiera del superávit en cuenta corriente. Es decir, ese excedente, ¿qué forma financiera concreta toma?

Como se sabe, a pesar del fuerte superávit comercial, no estamos acumulando reservas porque desde mediados de 2007, aproximadamente, venimos experimentando una intensa compra de dólares por parte del sector privado. Es decir que las reservas de divisas no se acumulan en el Banco Central, pero sí lo hacen en otra parte del sistema: en las carteras privadas, en las que se han venido engrosando las tenencias de activos externos. En el lapso de dos años, entre mediados de 2007 y mediados de 2009, esas compras de dólares han sumado una cifra gigantesca, del orden de los 40 mil millones de dólares. Volveremos más adelante a considerar algunos aspectos de este fenómeno. Pero está claro que ese es el destino principal del excedente comercial: alimentar las tenencias de moneda extranjera y otros activos externos por parte del sector privado no financiero.

Para cerrar esta sección, diremos entonces que no hay un problema de escasez de divisas en la Argentina de hoy. El fuerte superávit comercial garantiza eso, y también se cuenta con un nivel de reservas muy elevado, que ronda los 47 mil millones de dólares. Sin embargo, la abundancia de divisas generada por el comercio internacional, apenas basta para abastecer la demanda de dólares del sector privado. ¿Para qué serviría, en estas circunstancias, que el sector público accediera a más financiamiento externo neto? Atendiendo aquí exclusivamente al balance de divisas, eso serviría posiblemente para contribuir a financiar estas salidas de dólares del sector privado, vulgo “fugas de capitales”. Un resultado poco deseable socialmente.

Detengámonos un instante en estas salidas de capitales y, para tener una idea de su significación macroeconómica, consideremos su tamaño en comparación con otras variables. La cifra de aproximadamente 40 mil millones de dólares acumulada en dos años, desde mediados de 2007 hasta mediados de 2009, equivale a unos 6 puntos del valor total del PIB generado por el país, por año. Equivale también a un 85%, nada menos, del acervo de reservas del BCRA.

Esas compras netas acumuladas de dólares equivalen asimismo a nada menos que 1,3 veces, aproximadamente, el stock total del crédito interno otorgado por los bancos al sector privado, según las cifras de cierre de 2008. Es una cifra próxima también al total de los depósitos en bancos locales mantenidos hacia esa misma fecha por el sector privado no financiero.

Las comparaciones podrían seguir, pero esas cifras son suficientes para poner en evidencia que en estos dos años esas salidas de fondos son de un tamaño que se aproxima al de todo el sistema financiero interno o, más precisamente, a toda la intermediación financiera interna intra-privada.

Si en lugar de adquirir activos externos, es decir, de acumular activos fuera del sistema de intermediación local, el sector privado no financiero hubiese acumulado activos bancarios locales en estos dos años, ceteris paribus, las reservas de divisas se habrían casi duplicado y el sistema financiero local podría haber crecido también al mismo ritmo. Es una simple imagen ilustrativa, puesto que de haber sucedido eso, el desempeño global de la economía habría sido también muy distinto y seguramente los requerimientos de importaciones muy superiores, por lo que ni la acumulación de reservas ni la expansión financiera podrían haber procedido a semejante ritmo. Pero no hay ninguna duda de que tan sólo una atenuación de las salidas de fondos crearía una situación financiera interna de mucha holgura. De hecho algo de esto empezó a experimentarse en las últimas semanas, a lo cuál contribuyó el mejor clima internacional y algunas pocas señales del gobierno nacional que mostrarían cierta intención moverse hacia la normalización de las relaciones financieras externas del país.

Una última comparación: este año, la inversión bruta interna fija podría acumular una caída, en comparación con 2008, del orden de los 15000 millones de dólares. Las salidas de capitales promediaron unos 20 mil millones al año desde mediados de 2007. Esa comparación también nos dice mucho. El sector privado ha venido reducido sustancialmente su inversión “física” para colocarse en activos externos.

Las salidas de fondos del último bienio son de una magnitud sólo comparable a las experimentadas en períodos críticos como los años 80-81 - con la débacle del programa de la tablita de Martínez de Hoz-, 1995 -con el tequila-, y 2001-2002 -con el quiebre de la convertibilidad.

Sin embargo, sus efectos disruptivos internos han sido mucho menores. Hemos examinado esos aspectos en otro texto, pero vale la pena recapitularlos brevemente aquí(1). En esas otras experiencias atravesadas por la Argentina, los tipos de cambio se habían apreciado considerablemente en las etapas previas (en el contexto de programas de estabilización basados en la fijación del tipo de cambio nominal), dando lugar a procesos de fuerte endeudamiento especulativo. Así, el sistema financiero interno venía, en todos los casos mencionados, de fuertes expansiones alimentadas por ingresos de fondos del exterior, en las cuales se había tornado más frágil y especialmente vulnerable ante una devaluación. Esos procesos tenían características de “burbuja” financiera, alentada por la distorsión de precios relativos, es decir, por el atraso cambiario.

Nada de eso sucedió en el episodio de salidas de fondos iniciado en 2007. El tipo de cambio no se mostraba atrasado, y el sistema financiero, en crecimiento desde la salida de la crisis, lo había hecho de todos modos a tasas menores que en expansiones anteriores y sobre bases más firmes. Presentaba una mucho menor vulnerabilidad.

No menos importante, la economía, en todos los otros casos mencionados, al calor del atraso cambiario, mostraba déficits en las cuentas de comercio y corriente con el resto del mundo, mientras que en estos años ha presentado superávits en ambos rubros, y cuantitativamente considerables en el caso del balance comercial.

Esto ha hecho posible que las salidas de fondos se alimentaran fundamentalmente con el excedente de divisas provisto por el balance de comercio, y no a partir de las reservas del Banco Central. Con esto, la liquidez interna no se vio tan afectada, y la situación de los bancos se mantuvo bastante holgada.

Aún así, los agregados monetarios en términos reales (como la base monetaria, o agregados más inclusivos) han sufrido caídas del orden de 20% entre los picos registrados hacia comienzos de 2008 y mediados de 2009, caída real que se calcula utilizando un índice de precios como el IPC estimado por Buenos Aires City, de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y no el evidentemente manipulado que difunde el INDEC.


El frente fiscal: a falta de un fondo de estabilización…
¿Será necesario recurrir al financiamiento externo por razones fiscales?

El gobierno no llegó a implementar el fondo de estabilización del que se hablaba hacia 2005, porque desde ese momento hasta la crisis, la política fiscal se tornó inapropiadamente expansiva y no dejó recursos excedentes para constituir en fondo.

El impacto negativo de la crisis global y de la recesión interna sobre los ingresos fiscales viene siendo importante y ha producido un deterioro sostenido del resultado de las cuentas públicas.

Sin embargo, en ausencia de los recursos que un fondo de estabilización fiscal podría haber procurado, el gobierno ha obtenido de todos modos recursos excepcionales mediante acciones también de excepción, lo que en este caso se refiere a la estatización del sistema de jubilaciones y pensiones privadas.

Eso permitió por una parte acceder a un flujo importante de nuevos fondos que antes captaban las AFJPs, y por otra dio también lugar a la internalización de papeles de deuda pública que antes estaban en poder de las administradoras privadas y ahora constituyen obligaciones al interior del sector público, por ende mucho más fáciles de administrar (es decir, eventualmente, de refinanciar).

De este modo, y más allá del juicio negativo que pueda merecer la forma en que se concretó la operación de estatización de las AFJPs, no deja de ser cierto que las necesidades de financiamiento fiscal se han reducido visiblemente. También se ha logrado reducir la carga de obligaciones financieras mediante operaciones de recompra de deuda a cargo del BCRA y del Banco Nación. Esto ha acentuado el proceso de “desendeudamiento neto” del sector público. Si bien el deterioro de la recaudación viene siendo pronunciado, y el gasto ha seguido creciendo a un ritmo más elevado que los ingresos, estas medidas hacen que no exista un riesgo importante de incumplimiento de los compromisos financieros del sector público en el horizonte visible. Por cierto, contribuyen a ello los márgenes que el gobierno aún dispone para acceder a recursos del Banco Nación, del Banco Central y de otras fuentes estatales.

Revertir la incertidumbre de origen interno
Si bien decisiones como la estatización de las AFJP han mejorado el cuadro financiero fiscal en el corto plazo (lamentablemente poco sabemos y poco o nada se ha discutido acerca de la sostenibilidad a largo plazo del sistema previsional que se ha ido conformando en estos últimos años), es una de las acciones que indudablemente han incrementado la incertidumbre económica interna. Otros factores que actuaron en el mismo sentido han sido, entre los más importantes, el conflicto con el sector agropecuario y, esencialmente, el grave problema de la manipulación de las estadísticas públicas, que tarde o temprano deberá resolverse de modo técnicamente solvente aunque seguramente no será así bajo esta administración.

Esas fuentes de incertidumbre han alentado las salidas de fondos y han restado financiamiento local para la inversión pero también para el sector público. Es muy evidente que la Argentina no enfrenta un problema de insuficiencia de recursos financieros en el presente, sino un problema de incertidumbre de origen interno que hace que, a pesar de que los datos de fondo de la economía parecen mejores de lo que el público cree (paradójicamente, la manipulación estadística tiende a generar ese efecto: se cree que la situación es peor de lo que realmente parece), lleva al sector privado a canalizar sus excedentes hacia activos externos.

Si eso se revirtiera, existirían recursos financieros más que suficientes para hacer frente no sólo a la refinanciación de los pasivos públicos que van venciendo, y que hoy son problemáticos porque los mercados están cerrados, sino también para aumentar el financiamiento neto disponible y viabilizar eventualmente una política fiscal más activa para ayudar a la economía a salir de la recesión.

Sin dudas, siendo ese el problema, es mucho más atinado procurar resolverlo que tomarlo como un dato (“las salidas de capitales están ahí”, decía, poco más o menos, como si fueran un dato inamovible, un panelista en la mesa redonda que mencioné al principio) y buscar financiamiento externo que, en un contexto de incertidumbre elevada, se traduciría, como arriba se señaló, en la obtención de un flujo mayor de divisas para alimentar las compras de dólares del sector privado.

Por cierto, conseguir recursos del Fondo ayudaría grandemente a frenar las salidas de capitales, pero no tanto por la disponibilidad de divisas sino por lo que constituirían como señal. Por ejemplo, para lograrlos seguramente habría que encarar seriamente, antes, la reconstrucción del sistema estadístico dañado. Y es previsible que una acción de ese tipo, si fuese llevada a cabo, mejore el clima financiero interno muy notablemente, aún antes de cualquier acceso a nuevos fondos, los que, por otra parte, en tal contexto serían de dudosa necesidad. Pero lamentablemente no es siempre cierto que soñar no cuesta nada.

viernes, 9 de octubre de 2009

Voces que hay que escuchar (y recordar)

Guerreros de las sombras


Por Martín Caparrós
(Crítica de la Argentina)

“Discuten de la luz, el sol, el tiempo: son días de metafísica –o de algo que se le parece por error. En todo caso el gran debate de la hora parece ser el del cambio de la hora y, como siempre, abundan improperios y nadie parece recordar la historia”, escribí hace un año, casi día por día, en estas páginas. Y ahora, allá lejos, tras los clamores de las corporaciones mediáticas quejosas, muy más atrás que las voces de los conflictos sociales escalando, la algarada vuelve a sonar en los estados argentinos: la guerra del tiempo ha vuelto a nuestras pampas.

Ya varias provincias, huestes de los guerreros de las sombras, se han declarado en rebeldía: no piensan cambiar la hora este domingo 18 –que, por esas ironías, será precisamente San Perón, aquel día que, en los cuarentas y cincuentas, se destinaba al trabajo patronal.
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–¿Ya anduvo tomando, Caparrós, tan temprano?
–Claro, usted no se puede acordar. Yo tampoco, pero me contaron que en aquellas plazas de Mayo, cada 17 de octubre, las patas en la fuente, los manifestantes gritaban “mañana es San Perón/ que trabaje el patrón”, y San Perón, ni virgen ni mártir, ni corto ni perezoso, ni blanco ni negro, les regalaba un franco bien ganado.

Eran formas de manejar el tiempo. La historia que nadie parece recordar, sin embargo, no era ésa sino la de otras formas de manejarlo: de cómo la Argentina dejó de ser un país que –como la mayoría– cambiaba su hora dos veces al año. El cambio fue habitual durante décadas hasta que otro gobierno peronista, el de Carlos Menem, en 1993, mandó a pagar. Las razones eran claras: mientras el que producía la electricidad era el Estado, los gobiernos alargaban los días porque solían subvencionarla y les convenía que se gastara menos. En cambio entonces, recién privatizada, sus nuevos dueños presionaron a Menem para que nos quitara esa hora de luz. Así nos obligarían a consumir –consumir– más su producto monopólico y a entregarles –entregarles– más plata; así las grandes corporaciones eléctricas –y seguramente algunos funcionarios tolerantes– ganarían más todavía.

Y así estuvimos, oscuritos, con escasas esporádicas espiritrómpicas protestas, hasta que este gobierno decidió recuperar la idea –y se le vino la noche. La OPA –Oposición Preventiva Automática–, con su elegancia y sagacidad acostumbradas, lo presentó como otro K-pricho; sin duda los presidentes Kirchner tienen muchos, pero éste no es uno de ellos. El daylight saving time –“hora de ahorro con luz natural”– es un invento inglés de principios del siglo XX y se viene usando desde entonces en casi todo el mundo. El cambio de hora llega, puntual como las estaciones, cada abril, cada octubre, a la Comunidad Europea, Estados Unidos, Canadá, México, Brasil y otros 150; no llega, en cambio, a Bangladesh, Kasajistán, Nicaragua, China, Irak, Djibuti, Botswana, Malawi y el resto de África. La OPA, que aúlla ante cualquier parecido argentino con el mundo pobre, debería tomar nota y ponerse el bozal.

Pero el problema, en este caso, no es la oposición automática sino los que se oponen por sus intereses particulares, específicos. Porque el exceso de luz hace que algunos pierdan plata y, como el pudor ha dejado de ser una virtud o un defecto de los ricos argentinos, lo dicen y protestan.

(Hasta hace algunos años –cien, doscientos, cincuenta, doce, según en qué lugares– la noche sólo servía para dormir o, si acaso, refocilar con lo de al lado, pero no era un espacio social: el hombre siempre fue un animal diurno y, aún cuando se puso un poco menos animal, la gran mayoría de campesinos y urbanitas pobres que componían la humanidad se iba a acostar cuando el sol se acostaba, se levantaba cuando se levantaba: éramos bien gashinas. Las ciudades –muy minoritarias– usaban un poco más la noche, pero no fue hasta la difusión de la electricidad, un siglo atrás, que se apropiaron de ella y la convirtieron en un momento tan pasible de vida como el día. Vivir de noche es –aunque ya no lo notemos– una de las grandes novedades de las sociedades contemporáneas: multitud de aparatos que funcionan igual de noche que de día y luces artificiales eficientes, que hacen que cada quien elija cuando se va a dormir, cambiaron radicalmente nuestros ritmos. La noche dejó de ser un espacio impenetrable y se volvió, entre otras cosas, una oportunidad de negocios.)

Hay negocios, entonces, que precisan la noche. No sólo el más obvio –vender electricidad para que las personas se iluminen–; hay muchos otros –que tienen que ver, sobre todo, con la alimentación y el entretenimiento. Ésos son los que más protestan –públicamente, porque las corporaciones eléctricas tienen canales más privados, más eficaces, más pesados– en estos días ante el cambio de hora. Para empezar dicen que el año pasado la medida sólo produjo un dos por ciento de disminución del consumo de energía –pero no dicen con qué lo comparan, ni cuánto aumento habría habido sin ella. Y después se ponen espantosamente sinceros: la Federación Económica de la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, acaba de pedirle al gobernador Néstor Scioli que no adhiera al cambio porque “perjudica la actividad económica”. La dicha Federación reúne a docenas de cámaras sectoriales y dice –sin pudor dice– que una de sus “consecuencias negativas” más importantes es que “los comercios vieron disminuida la afluencia de clientes en las zonas balnearias porque éstos se quedaban más tiempo en la playa, disfrutando del sol”.

–¡Ah, no, mi amigo! ¡Disfrutando del sol…!
–¡Pero habrase visto! Este país está lleno de desfachatados semidesnudos asoleados. ¡Insolentes!
Es lo que dicen, palabras más o menos, todos: que como las personas andan por ahí bebiendo luz y sol tardíos les consumen menos y que, entonces, habría que eliminar esos factores distractivos. Es un argumento interesante: como si alguna de estas asociaciones de teledifusoras ahora tan activas pidiera, un suponer, la prohibición del teatro porque hay personas que, por ir a esas salas, no los miran; o que la Gremial de Confiteros Pasteleros y Afines exigiera multiplicar por diez el precio del pan porque está lleno de gente que en lugar de pasta frola se come una tostada con manteca y dulce. O, incluso, como si la Cámara Argentina del Oxígeno en Tubo demandara el retiro del aire de la atmósfera a ver si les mejora el negocio alicaído.

Son casi chistes; no son chistes. Yo tengo mis razones para estar a favor del cambio de la hora: el placer que me dan –un inmenso placer– esas tardes de verano que se estiran, que te inundan de luz esos minutos que, si no, serían de la noche: esos minutos que están entre los más gozosos. A muchos les pasa lo mismo, pero supongo que, al fin y al cabo, ése no es un argumento relevante: nos hemos acostumbado a suponer que el placer –el pequeño placer de cada cual– no es un argumento relevante. Los que lo defienden –en el mundo– con discursos serios dicen que la baja en el consumo eléctrico no es decisiva pero existe y que, además, el ocaso tardío reduce el número de accidentes de tránsito y los crímenes violentos. Es cierto que a cambio amanece más tarde: si hay que elegir –y casi siempre hay que elegir– mucha más gente está activa y necesita luz de 8 a 9 de la noche que de 6 a 7 de la mañana –aunque es cierto que esos son los horarios de la zona este del país; en Mendoza, San Juan o Catamarca es otra cosa, pero no en Santa Fe.

Así que discutamos, más bien, por qué razones se toman las decisiones que se toman. A saber: si es más importante que millones de personas puedan gastar un poco menos en electricidad y disfrutar un poco más de la salida del trabajo o el paseo o el rato con los chicos o lo que se sea que se les cante todavía con luz, o lo que importa es el negocio de algunos negociantes. Sería bueno pensar cuántas otras medidas están regidas por el mismo patrón de beneficio directo para un sector determinado. Los guerreros de las sombras están en todas partes, y eso hace que esta sea una discusión tanto más seria que lo que podría parecer a primera vista: no se trata sólo de una hora más o una hora menos, sino si debemos permitir que –incluso en un caso tan burdo– nuestras vidas se manejen según los beneficios económicos de algunos. Es lo que pasa siempre pero a veces por lo menos disimulan. Se agradece: un pueblo adulto, un pueblo serio, un pueblo decidido como el nuestro se ha ganado el derecho de que no se lo digan en la cara.

martes, 6 de octubre de 2009

Brasil, el país que dejó de ser una promesa


Por Martina Latasa y Alejandro Bianchi (Crítica de la Argentina)

Ver también Brazil and the IMF (Financial Times)

Brasil se cansó de ser un país emergente. Con dos medidas políticaseconómicas, coronó ayer el ciclo que la transforma en una potencia mundial: capitalizó en u$s 10 mil millones al FMI mientras Argentina ruega por la bendición del organismo para volver a los mercados de deuda. Y confirmó el plan de compra de armamento militar más grande de Latinoamérica por más de u$s 12 mil millones. La estrategia de pensar el país a mediano y largo plazo, en contraposición al cortoplacismo argentino, y la estabilidad política le rindieron frutos.
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Será sede del Mundial de Fútbol 2014 y de los Juegos Olimpicos 2016, que generarán una inversión de más de u$s 70 mil millones. De importar petróleo, pasaron a autoabastecerse y gracias a descubrimientos récord, son el octavo país en reservas. La producción de crudo de Argentina cae hasta 10% por año por falta de inversión y exploración. El fenómeno Brasil tiene un gran responsable: Lula da Silva, uno de los presidentes más carismáticos del continente y hábil en tejer redes políticas en todo el mundo.

El día de su reelección Lula dijo: “Estamos cansados de ser una potencia emergente” y realmente lo sentía. A un año de la crisis que congeló las economías centrales, Brasil ya salió de la recesión. La actividad económica creció un 1,9% en el segundo trimestre de este año. Según las proyecciones del Bradesco, el principal banco privado de la región, Brasil cerrará el 2009 con una caída del 0,5% del PBI y en 2010 retomará el crecimiento, estimado en un 4,25 por ciento. Para Argentina el FMI prevé que la actividad caerá un 2,5% este año y crecerá apenas un 1,5% en 2010.

Los analistas coinciden en que la estabilidad política es uno de los mayores capitales que tiene Brasil. A fines de 2002, cuando Fernando Henrique Cardozo le dejaba el mando a Lula, los mandatarios firmaron un acuerdo de mantener las políticas estructurales. La visión de largo plazo superó las diferencias ideológicas. Y la previsibilidad política atrajo la confianza de los inversores del resto del mundo. Los títulos de deuda de brasileña son los más cotizados del mercado emergente y Brasil es el principal receptor de inversión extranjera directa (IED) de la región. A fines del 2008 los flujos de IED en el país vecino alcanzaron los 20.000 millones de dólares, mientras que Argentina recibió 1.503 millones.

Brasil encontró la llave para convertirse en potencia: el petróleo. Desde 2006 se autoabastecen y en los últimos dos años hallaron los dos yacimientos más grandes del mundo y se posicionó en el octavo lugar en lo que respecta a reservas de crudo. En cambio, la producción petrolera en Argentina cae por la falta de inversión y agotamiento de los pozos, entre un 8 y un 10% por año.

El real fue la moneda con mejor desempeño este año, según el seguimiento de la agencia Bloomberg. En lo que va del año se revaluó un 31% y se acerca a los niveles precrisis. Mientras tanto, el Banco Central acumula reservas. En el primer semestre del año la autoridad monetaria embolsó 147.161 millones de dólares.

A pesar de estas cifras contundentes, Brasil tiene una cuenta pendiente con la pobreza y la marcada desigualdad. En los siete años de gobierno de Lula alcanzó avances significativos en materia social. Los planes sociales focalizados en el sector más pobre de la sociedad lograron que resurja la clase media, que hoy supera el 50% de la población. La pobreza extrema pasó del 35% en 2001 al 24,1% en 2008. “En los últimos años 30 millones de brasileños salieron de la pobreza y 21 millones pasaron a integrar la nueva clase media”, recalcó Lula en su discurso ante el Comité Olímpico el pasado jueves. Pero pese a los avances, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad social, se encuentra en 0,52 puntos y representa una sociedad todavía fragmentada en términos distributivos, (el coeficiente va de 0 a 1 y a mayor coeficiente mayor desigualdad). Eso deriva en otro de los puntos oscuros del país vecino: la inseguridad. Las favelas de Río de Janeiro siguen posicionadas entre las zonas más peligrosas de la región.

Las mejoras económicas fueron capitalizadas para traer por primera vez a Latinoamérica el evento deportivo más importante del mundo. El viernes el Comité Olímpico se dejó seducir por Lula y resolvió que Río de Janeiro será la capital de los próximos juegos en 2016.

“Dimos todas las garantías posibles a los juegos, aprobamos un presupuesto significativo concientes del legado que dejarán para Río de Janeiro” dijo el mandatario. El país también será sede del Mundial de Fútbol en 2014.

Pese a todos estos logros Lula es uno de los pocos mandatarios de la región que no se embelezó con el poder y ya garantizó que no modificará la Constitución para una re-reelección. El desafío de quien lo suceda será borrar por completo el pasado de emergente.

Mercedes Sosa, por sí misma

A tal punto "la Negra" fue requerida por la prensa que en una entrevista al diario La Nación en 1993 afirmó: "Cantar no me cansa, lo que me cansa es opinar. Siempre y en todos lados me piden declaraciones".

Más allá de esta humorada, muchas de las frases que la cantante entregó a la prensa son la mejor expresión de una decisión irrenunciable por el canto y por la cercanía con su gente.

Van aquí algunas de esas declaraciones, recopiladas por la agencia Télam:
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"Soy de la gente y seguiré siendo de la gente".

"Claro que soy folclorista, ¿qué otra cosa podría cantar yo con esta cara?"

"Mi mamá dice que mi papá se olvidó mi nombre adrede cuando me fue a inscribir al Registro Civil. Y me puso Haydeé Mercedes en vez de Marta Mercedes. Mi mamá quería que yo me llamara Marta. Así sin hache, Marta. Claro, como es lógico, en mi casa mandaba mi papá, pero claro, como es lógico, siempre se terminaba haciendo lo que quería mi mamá. Y entonces todos desde que me recuerdo me vienen llamando Marta. Soy la Marta y me gusta mucho más ser la Marta que Mercedes Sosa".

"Busco y busco en mi pasado y siempre me veo cantando, a veces me pregunto qué habré aprendido antes: ¿a cantar o a leer y escribir? ¿a cantar o a hablar? Qué pena no tener ya a mi madre para preguntarle esto."

"De mi adolescencia recuerdo el olor de los azahares, que es profundamente dulce. El otro olor que siento no es agradable y es muy penetrante, es el olor de la cachaza de los ingenios. La cachaza son los restos de la caña de azúcar".

"Hay canciones que han sellado mi vida".

"Yo no pretendo tener ni barco ni aviones como otros artistas, mi gloria es estar con amigos".

"El canto es una ceremonia de amor del artista para con el público".

"Mi meta es cantar para la gente del pueblo".

"Hasta creo haber superado el momento halagador del aplauso para quedarme en la pura alegría del cantar, ahí encuentro yo toda la felicidad".

"La mayoría de los cantantes cree que el papel del intérprete es conmover al que está enfrente sin importar lo que pasa dentro suyo, entonces se colocan anillos, vestidos raros, se cambian el peinado. ¿Sabe cuál es la mejor ropa de un cantante? Salir a escena con paz. Mucha e infinita paz. Sólo así se transmite algo a un semejante".

"Se podrán golpear muchas puertas, se podrá hacer mucha promoción de un artista, pero es el corazón de la gente el que tiene la última palabra".

"Creo que la ’Zamba para no morir’ cambió la construcción de la zamba en nuestro país".

"Cuando en Europa hablan de Latinoamérica creen que es algo uniforme y yo he visto indios en Ecuador, Africa misma en el mercado de Bahía, vi las distintas texturas en los tejidos de cada tribu en Machu Pichu".

"Debemos estar todos unidos y soñar con una Argentina grande que todos anhelamos".

"Ojalá tengamos alegría de vivir porque los argentinos hemos sufrido mucho, sobre todo el año 2001, y ahora nos merecemos cierta tranquilidad".

"Es porque soy tan testaruda que todavía insisto en cambiar el mundo".

"Me queda creer en la inteligencia y en la bondad de la gente, nada más".

"Lo mejor que podemos hacer los que tenemos algunos años sobre un escenario es brindarle un espacio a los jóvenes que vienen de abajo a buscar su lugar".

"Nosotros, los cantores, tenemos la obligación de mostrar las obras de los nuevos autores y compositores".

"Los premios sólo me estimulan para seguir haciendo discos, conciertos y llevando la música de nuestros compositores y autores por el mundo".

"Yo nunca más voy a tener prejuicios, es algo que aprendí después de ver la película ’Submarino amarillo’".

"Para una artista que debió irse de su patria se hace más difícil todo: el exilio es duro, tanto la vida como el trabajo." "Los festivales que son el alma del pueblo, porque implican el encuentro anual de la gente con sus artistas".

"Cosquín me trae muchos recuerdos de gente que quiero mucho y por sobre todo está su pueblo, su gente y no tengo problemas en decir que siento miedo de subirme a ese escenario por todo lo que significa".

"Quiero invitar a todos mis coterráneos para que vengan el domingo 26 al club San Martín de Tucumán donde volveré a hacer un recital con la gente de mi pago, porque siempre dije que mientras Bussi sea gobernador no cantaba, ahora que se fue, vuelvo" (diciembre de 1999 al volver a cantar en su provincia).

"Le pido disculpas al pueblo por mi ausencia, pero ellos siempre me entendieron y comprendieron cuando en cada una de mis actuaciones, incluso en el exterior, decía ’Viva Tucumán, menos uno’".

"Toda mi energía la he volcado en el canto, aunque no me gusta mucho dejar casa y familia para ir a cantar a otro lado del mundo; es una tarea bastante pesada, exigente y se paga con la soledad de los hoteles".

"Yo no estoy acostumbrada a cantar con gente que grita, con globos, humo y esas cosas" (antes de actuar en "Ritmo de la noche", de Marcelo Tinelli, por obligación contractual).

"Yo sé lo que canto y para qué lo hago".

domingo, 4 de octubre de 2009

Gracias a tu vida, Negra Sosa



Día de duelo para una gran mayoría de los argentinos
Se nos fue la Negra Sosa. Para muchos, sobre todo una generación política, es un día en que recordamos aquel "Gracias a la vida" como una escupida en la cara de los milicos. Hoy debería estar empapelado todo el país con ese canto.
Probablemente, haya una minoría que festejará su muerte. Se trata de la basura de la Argentina, una raza que quedó sepultada por la historia y gente como la Negra Sosa.
Gracias, Negra, gracias a tu vida!!

sábado, 3 de octubre de 2009

Un abismo separa a Brasil de la Argentina


Por Andrés Burgo (Crítica de la Argentina)

“Y qué quéres, si somos una república de tercera”, maldecía ayer ante Crítica de la Argentina un hombre que trabaja desde hace varios años en la conducción del deporte nacional. “¿En serio me preguntás por qué Brasil y Río de Janeiro sí pueden organizar el Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos 2016, y la Argentina y Buenos Aires ni siquiera figuran? ¿Te hubieses imaginado, por ejemplo, a Macri y los Kirchner trabajando juntos para la candidatura olímpica y después a los abrazos en Dinamarca? ¿Imposible, no? Bueno, ésa es sólo una razón: hay cien más”, repreguntó el especialista.
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En Brasil, el deporte es una cuestión de Estado: hay un ministerio a cargo del tema. En la Argentina, no. Sólo una secretaría con un presupuesto testimonial, de 33 millones de dólares, de los cuales sólo 11 son para el alto rendimiento. Y Brasil, que entendió que los Juegos Olímpicos trascienden lo deportivo y son un símbolo geopolítico del mundo moderno (China lo interpretó a la perfección el año pasado), dio con Lula a la cabeza el golpe de gracia que lo confirma como un líder regional cada vez más distanciado. No fue azar, más allá de que las circunstancias jugaron a su favor (Madrid no podía ganar porque desde 1952 no se hacen dos Juegos seguidos en un mismo continente, a Tokio le jugó en contra que Pekín ya organizó en 2008 y Chicago no presentó un gran trabajo). Lo de Brasil fue una planificación deportiva y estatal: en 2002 organizó los Juegos Odesur que la Argentina había rechazado por la crisis del año anterior, en 2007 recibió unos magníficos Panamericanos, en 2014 tendrá el Mundial y en 2016, los Olímpicos.

En el Comité Olímpico Argentino y en la Secretaría de Deportes admiten que el mundo ve a Brasil como un país fiable, a diferencia de la Argentina. Hoy parece increíble que, en 1997, Buenos Aires le haya ganado la votación preliminar a Río para intentar organizar los Juegos 2004, que después fueron para Atenas. ¿Qué habría pasado si ganaba Argentina y en el medio ocurría lo que al final pasó, el espanto de 2001? Le hubiesen sacado la candidatura, seguramente. Ahora ya no hace falta: Argentina se elimina sola.

viernes, 2 de octubre de 2009

Lanata: “Si alguien le gana a Kirchner será el peronismo por derecha"


“Lo que hay por ahora son tipos que aparecen en los medios, pero no una figura equiparable a Kirchner en la oposición”, analiza Jorge Lanata en entrevista exclusiva con Políticargentina. Como es su costumbre, el periodista reparte críticas a diestra y siniestra. De cara al 2011, imagina que el peronismo disidente se encolumnará detrás de Macri, que Kirchner intentará captar el voto de centroizquierda (“algo complicado porque él no es de izquierda”) y que el Acuerdo Cívico se fracturará antes de la elección. No descarta que el Gobierno termine antes su mandato. Y aunque se queja de la “campaña mediática cínica y atroz” en contra de la Ley de Medios, dice que “es una ley hecha en la facultad, conceptualmente interesante y teóricamente muy linda pero así como está impracticable”.
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- Hace un año decías en entrevista con Políticargentina que el Gobierno estaba muy débil y que no podría ir por la Ley de Medios.

- Es cierto, fue imprevisible lo que pasó. El Gobierno me sorprendió, cuando después de las elecciones todos creíamos que se iría antes de fin de año recuperó rápidamente la iniciativa. Se abroqueló, se encapsuló y fue para adelante con dos cosas marcianas como el fútbol y la Ley. Con un riesgo, que es el de creerse que esa es la única realidad. Y no es así: el Gobierno no ve que aumenta la desocupación, la pobreza, se vuelve al FMI… Hay otros temas que forman parte de la realidad y que está perdiendo de vista. Está peleando una batalla donde no había nada, la inventaron ellos. El tema es que todo lo demás sigue pasando, y la Argentina transcurre en “todo lo demás”.

- ¿Qué papel juega la oposición frente a eso?

- Kirchner pudo hacer esto porque no hay oposición, no hay una figura equiparable a él en la oposición capaz de articular un contradiscurso. Lo que hay son tipos que aparecen en los medios, pero no hay una oposición fuerte ni sólida.

- ¿Estás conforme con el proyecto de Ley?

- Es una ley hecha en la facultad, con todas las ventajas y desventajas que eso implica. Una muestra de ello es que en ningún lado dice “periodistas”: en el ámbito académico se habla de “comunicadores”. Yo apoyo la ley, es conceptualmente interesante y teóricamente muy linda, pero así como está es impracticable.

- ¿Por qué?

- Es un error confundir espectro con share (audiencia). Dividir el espectro no implica necesariamente tener audiencia. Se puede partir el espectro en mil pedazos, pero si no se ofrecen contenidos atractivos nadie los va a consumir. Un programa de 20 puntos de rating por algo los tiene. Exigir un 70 por ciento de producción local para las radios del interior está en teoría bien, pero en la realidad lo que pasa es que mucha gente del interior no quiere saber nada con radios locales y quiere contenidos nacionales. Para una radio chica del interior, pasar de ser una repetidora que vende tanda a tener que producir contenidos propios es complicado. No es todo tan automático, uno no abre una puerta y hay dos millones de personas mirando. Depende de lo que se ponga al aire, y por eso no pueden no contemplarse los contenidos. Está muy bien darle voz a las minorías, pero hay que ver cómo serán sustentables por sí mismas, a menos que se pretenda que el Estado asuma los costos.

Por otra parte, me parece bien desmonopolizar, pero en términos políticos hay que recordar que esto lo hizo alguien. A Frankenstein lo hizo el Dr. Frankenstein: los mismos que ahora quieren solucionar el problema son quienes antes lo permitieron. Me gustaría que la Ley también los alcance a ellos. Que Rudy Ulloa no pueda comprar Telefé, por ejemplo.

- ¿Cómo ves la reacción mediática frente a la iniciativa?

- Hay una campaña mediática atroz y cínica por todos lados en contra de la Ley. Escuchar a Romero y a Rodríguez Saa en lo de Mirtha Legrand hablando de libertad de prensa es increíble. Son ellos los dueños de radios, diarios y canales en sus ciudades. El argumento de los monopolios de que habrá menos voces es una mentira. Habrá más, porque habrá más dueños. Esa pavada de que TN puede desaparecer… es poco feliz usar así esa palabra, y quien la usa es el diario que más creció en la dictadura y que hacía la vista gorda frente a los desaparecidos. Y además es mentira, porque Clarín tiene que optar entre cable y aire. Si se desprende de Canal 13 puede tener hasta 10 TNs.

- ¿Cómo se posicionarán Kirchner y Scioli hacia el 2011?

- Kirchner cree que tiene un 30 por ciento de votos y pretende crecer desde ese piso. Con 30 por ciento no gana, así que intentará buscar el apoyo del voto de centroizquierda en sintonía con lo que hizo con la Ley de Medios. Es difícil, porque Kirchner no es un tipo de izquierda. Le va a costar a la centroizquierda apoyar a Kirchner porque tienen visiones muy distintas de la realidad.

Scioli aparentemente se jubiló a sí mismo, dijo que no será candidato. Creo que lo hace pensando en que en algún momento puede tener su propia carrera. Pero lo que no percibe es lo obsecuente que parece con Kirchner al dar un paso al costado frente a la sociedad.

- ¿Hay lugar para Macri y Reutemann en el mismo espacio?

- Creo que si alguien le gana a Kirchner será el peronismo por derecha, y eso puede querer decir Macri en el peronismo. No sería raro, no hay tanta diferencia entre el peronismo tradicional y Macri. Tienen una visión parecida del mundo, por algo se juntaron en Unión-PRO.

- ¿Qué va a pasar con las tensiones dentro del Acuerdo Cívico y Social?

- No creo que eso dure, no sé si llegan juntos a la elección. Es una de tantas alianzas coyunturales, de diez minutos, que no se mantienen de una elección a otra. Entre ellos no se bancan, no se hablan, y es una situación difícil de sostener en el tiempo. La desesperación une, pero no tanto.


- ¿Lo ves a Cobos presidente?

- Mucha gente apostaba al desgaste de Kirchner y a su salida del Gobierno para que hubiera una solución cobista intermedia. Es difícil que pase, pero yo todavía no lo descarto. Quisiera que el Gobierno termine su mandato, pero no tengo claro si sigue los dos años. Hay cosas a las que no les está prestando atención que tarde o temprano van a estallar. Es una cosa terrible a esta altura de la democracia, pero el Gobierno es el principal responsable de que se haya llegado a esa situación.

- ¿Duhalde está en condiciones de jugar algún papel importante hacia las elecciones?

- Duhalde quiere jugar, pero no es un tipo con carisma ni proyección nacional a nivel electoral. Puede ser un armador desde adentro, pero no más. Ese peronismo está en vías de extinguirse con los años, lo que pasa es que “los años” duran más de lo que uno quisiera. Quizás en 20 o 30 desaparezca, todavía no. Ese tipo de peronismo se sostiene porque sigue en el poder, pero así como ocurrió con el radicalismo, será un concepto político insostenible en el tiempo.

- ¿Hay alternativas progresistas viables a nivel nacional?

- Hay gente que labura bien y con buenas intenciones, pero quisiera verlos gobernando. El socialismo en Santa Fe y Sabbatella en Morón tuvieron buenas gestiones, pero no es lo mismo Santa Fe que el país ni Morón que Buenos Aires. Tendrían que tener un background de laburo ejecutivo que hoy no tienen. Es mucho quilombo tomar un país y decidir qué hacer con él. No tienen la gente ni los cuadros para hacerlo. Pero dentro de todo, creo que son los más encaminados. Lo de Pino Solanas me parece más declamatorio.

- ¿No hay que volver al FMI?

- No digo que no haya que volver, pero es gracioso que vuelva el Gobierno que decía que lo mejor que podía pasarnos era irnos. Pagaron la deuda por adelantado, armaron un gran quilombo con los holdouts y los bonistas, cagaron a todo el mundo para dejar de pagar, y ahora vuelven… es un papelón terrible. Vuelven porque no les queda otra, el Gobierno no puede aislarse del mundo. Pero eso tendrían que haberlo previsto hace cinco años, no ahora. Haberse aislado todo ese tiempo tiene un costo, no es gratis.

- ¿Está aflojando el Gobierno con el INDEC?

- Lo que pasa ahora es que justamente necesita volver al FMI, y para eso necesita que los números del INDEC vuelvan a ser más o menos creíbles. Entonces lo que está intentando hacer es dibujar el balance.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Una historia de amor al deporte


Por Ezequiel Fernández Moores (La Nación, Buenos Aires)

Barack Obama pujará por Chicago; los poderosos Joao Havelange y Juan Antonio Samaranch, ancianos ex patrones del deporte mundial, recordarán viejos favores a cambio de votos para Río de Janeiro y Madrid, respectivamente, y Tokio insistirá en el filón asiático. Pero la votación de este viernes en Copenhague, entre las cuatro ciudades finalistas que competirán por la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, no tendrá esta vez a un conocido miembro de "la gran familia del deporte". Se trata del mexicano Rubén Acosta, que en mayo de 2008, tras 24 años en el cargo, renunció como presidente de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB). Se fue tras ganar unos 30 millones de dólares en concepto de comisiones por contratos de patrocinio y de TV que sólo él podía autorizar.
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Exhibe su amistad con Havelange y Samaranch y disfruta del cargo de "presidente honorario vitalicio" de la FIVB. Su historia interesa no sólo porque desnuda la obscenidad del poder, sino también porque afecta muy de cerca a la Argentina. El hombre que hace hoy siete años denunció a Acosta, Mario Goijman, ex presidente de la ex Federación Argentina de Voleibol (FAV), está arruinado moral y económicamente.

Los 30 millones que Acosta recibió en concepto de comisiones suenan desproporcionados respecto del casi millón de dólares que Goijman perdió a partir de su denuncia: 350.000 para los abogados suizos, 200.000 por más de treinta viajes a Lausana por juicios y audiencias y 250.000 que puso de su bolsillo cuando la organización del Mundial de Argentina 2002 se iba a pique por el estallido de la crisis de 2001, según un préstamo que hizo a la FAV ante escribano y con aprobación de todos los consejeros. Hoy no tiene dinero para pagar deudas ni seguir su demanda. Le remataron el automóvil, ordenaron la liquidación de parte de su casa y no puede salir del país. En julio pasado pensaba viajar a Inglaterra, invitado otra vez a Play the Game, la organización danesa que en 2005, desafiando amenazas judiciales de la FIVB, le dio a Goijman un premio especial por haber denunciado al inescrupuloso señor Acosta. La justicia argentina lo bajó del avión. Goijman siempre creyó que cumpliría las deudas cuando la FIVB le pagara a la FAV la comisión del diez por ciento por haber logrado el contrato de televisación de cuatro millones de dólares del Mundial 2002 con la cadena ESPN. No sabía que el único que podía cobrar esa comisión era Acosta.

Goijman cometió errores en su cruzada. Su estilo personalista, a veces arrogante, conspiró tal vez contra él mismo. Pero el informe oficial de la reunión que el Consejo de Administración de la FIVB celebró en abril pasado en Lausana y que tengo ante mis ojos es revelador: dirigentes que no se atreven a acusar al ex presidente que aplaudían hasta mayo pasado, que temen consecuencias legales y prefieren decir que sólo ahora advierten cómo funcionaba "el sistema Acosta", el mismo que Goijman había denunciado en 2002. "El Sr. (Miroslav) Przedpelsky opinó que debíamos actuar con cautela, ya que los ojos del mundo entero y los medios de comunicación observan a la FIVB y no debemos admitir que cometimos un error en el pasado", dice la página 25 del informe, en la cual, párrafos más abajo, el vicepresidente André Meyer revela ante una pregunta del brasileño Ary Graca que el total de comisiones pagadas por la FIVB supera en realidad los 33 millones de dólares. Se trata del mismo Graca que en 2002 no sólo aplaudió la expulsión de Goijman como miembro de la FIVB, sino también la del peruano Luis Moreno, que era presidente de la Confederación Sudamericana y se negaba a ejecutar la cabeza del argentino. "Fui expulsado en 24 horas porque querían atemorizar al resto", me dice Moreno desde Lima. También avaló la política de la "guillotina" el dominicano Cristóbal Marte Hoffiz, quien sólo ahora parece descubrir que ya en 2004 el COI había advertido que las comisiones cobradas por Acosta violaban los reglamentos olímpicos. La Comisión Etica del COI debió pronunciarse sobre el caso en 2004 por una carta-denuncia que le fue enviada por el propio Goijman. Al COI no le gustó que Acosta extendiera las sanciones a las propias selecciones de la Argentina y que, supuestamente, se quedara con parte del dinero de los Juegos Olímpicos. Pero el abogado de Acosta, Michel Rossinelli, contragolpeó y advirtió que él podía dar más detalles sobre supuestas comisiones que el COI habría pagado entre 1996 y 2002 a una agencia de nombre Meridien. La "familia olímpica" entendió el mensaje y la sangre no llegó al río.

¿Y el nuevo presidente chino Wei Jhizong? ¿No era él secretario legal, primero, y vicepresidente, luego, en los tiempos de Acosta? ¿Y no dijo en mayo pasado en Dubai, cuando asumió en su lugar, que Acosta era "un exitoso líder" y que seguiría su "legado" de "principios democráticos y justos"? Menos de un año después, Wei decide que nadie cobrará comisiones y que ni siquiera le pagará a Acosta los 4,8 millones de dólares que todavía se le deben por contratos ya firmados. Se venderá también el último

Mercedes-Benz que había comprado Acosta. Lo mismo que la mansión suiza de Epalinges, en Lausana, que la FIVB compró en 2001 a pedido de Acosta por 1,2 millones de dólares, sin decirle a la entidad que él ya vivía allí desde 1984, porque era la casa familiar de su esposa, la influyente Malú, actual Consejero Honorario Vitalicio de la FIVB. Acosta envió hace sólo dos semanas cartas a los miembros de la FIVB recordándoles el viejo compromiso y las acompañó de un texto de Havelange, el ex patrón de la FIFA, que lo felicita por sus 24 años de "habilidad, competencia y devoción" en el voleibol mundial. "Escuché muchas historias de corrupción dentro del deporte, pero ésta es una de las más increíbles", me dijo Jan Borgen, director de Transparencia Internacional en Noruega, cuando Goijman expuso sus denuncias en 2005 en Copenhague. Play the Game consultó ese mismo día a una decena de dirigentes del voleibol europeo. Todos avalaron las denuncias, pero se negaron a hablar públicamente. Temieron sumarse al casi centenar de despidos, una lista que incluye a Jean Pierre Seppey. El suizo era el brazo derecho de Acosta. Sabe demasiado. Su juicio contra la FIVB contiene jugosas revelaciones: amantes, cabarets, limusinas, autos lujosos, premios comprados y hasta periodistas pagos.

Acreditado como miembro de la Asociación de Periodistas Olímpicos (OJA), estará este viernes en la votación por la sede de los Juegos de 2016 el dirigente Jean-Marie Weber. El ex director de la quebrada empresa ISL es un viejo conocido de gente como Havelange y Samaranch, dos de los personajes más influyentes en la cita de Copenhague, acaso por encima del propio Obama. En un juicio celebrado en marzo de 2008 en el cantón suizo de Zug, Weber admitió que pagó más de 140 millones de dólares a altos dirigentes del deporte mundial, cuyos nombres se guardó el derecho de no mencionar. Eran "comisiones", dijeron sus abogados. "Sobornos", afirmaron los fiscales.

Dinero como el que durante muchos años recibió Acosta. "Sé que el reglamento de la OJA autoriza al Comité Ejecutivo a ofrecerle ser miembro asociado a cualquier persona cuyo trabajo profesional provoque impacto en el Olimpismo", protestó el periodista alemán Jens Weinreich al presentar su renuncia a la entidad. "¡Oh sí! Las actividades del señor Weber impactaron al deporte olímpico. Weber –completó Weinreich– es el hombre que compró al deporte con grandes valijas repletas de dinero. ¿Realmente él es uno de nosotros?"

Crimen de “ilesa” impunidad



Por Carlos Slepoy, abogado especialista en derechos humanos

Se ha escrito mucho sobre las causas que motivaron el acuerdo de los dos partidos mayoritarios para erradicar el principio de justicia universal de la legislación española. El límite se sobrepasó cuando se pretendió enjuiciar crímenes de lesa humanidad y/o genocidios y/o crímenes de guerra cometidos por chinos en el Tíbet, israelíes en Gaza y estadounidenses en Guantánamo, o quizás –o además– por las investigaciones sobre los crímenes del franquismo –que eran asimismo un ejercicio de justicia universal—, respecto de los cuales, como sabemos, se ha pactado igualmente la más absoluta y cruel impunidad. También se ha escrito ampliamente acerca de que limitar el principio de justicia universal –que por algo se llama así– a la existencia de víctimas españolas o a vínculos de conexión relevantes con España y que se acredite en todo caso, mediante prueba diabólica, que no hay otro procedimiento abierto en otro lugar del mundo es, lisa y llanamente, desterrar de la legislación española la persecución de criminales contra la humanidad.
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Traicionando su naturaleza, se pretende su compatibilidad con la discriminación de las víctimas por su nacionalidad y con el principio de subsidiariedad de jurisdicciones. Esto es un oxímoron, grosera y vergonzosa contradicción con lo que el principio enuncia y significa. El sello propio y distintivo de la jurisdicción universal es la inclusión de la universalidad de las víctimas –para que todas ellas puedan ser protegidas por todas las jurisdicciones del mundo– y el principio de concurrencia de jurisdicciones, para garantizar entre todas la mejor persecución de los criminales.

No importa que esta medida vulnere la doctrina del mismísimo Tribunal Constitucional, tratados suscriptos por España y prácticas judiciales –de las que la judicatura española fue referente hasta ahora– extendidas a otros países y que ya forman parte del Derecho imperativo internacional. Se ensordecen los oídos para no escuchar el clamor que surge de cientos de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales –nacionales y extranjeras– y personas de todo el mundo para que se detengan. La urgencia y nocturnidad con que se tramitó el proyecto de ley, actualmente en el Senado, quiere dejar tranquilos, no importa a qué coste moral, a los grandes violadores de derechos humanos que hasta ahora han sido y a los que lo serán en el futuro. Acostumbrados estamos a leyes y prácticas que dejan impunes crímenes pasados. Ahora el Parlamento español nos anuncia impunidad, también, para los que serán.

Quiero creer que muchos legisladores, en especial socialistas, no han reflexionado suficientemente sobre el grave mal que están por cometer. Supongo que celebraron la detención de Pinochet, el juicio y la condena al genocida argentino Adolfo Scilingo y los distintos procedimientos abiertos en la Audiencia Nacional para perseguir a grandes criminales de distintos países del mundo. Más aún, me atrevo a decir que se enorgullecieron de que estos hechos fueran protagonizados por la Justicia española. ¿Puede llegar a tanto la obediencia partidaria como para traicionar estos sentimientos y los principios que los inspiran? Está claro que ningún tribunal los procesará. Habrá un día en que se considerará un crimen la promoción y sanción de la impunidad pero, por ahora, pueden estar tranquilos los impunidores.

En su famosa “Carta desde la cárcel de Birmingham, Alabama” –16 de abril de 1963– dirigida a un grupo de clérigos blancos que lo cuestionaban, Martin Luther King estampó esta frase que pasaría a la Historia: “Nosotros nos tendremos que arrepentir en esta generación no sólo de las palabras odiosas y las acciones de la gente malvada, sino también del aterrador silencio de la gente buena”. Están a tiempo los buenos legisladores españoles de no tener que arrepentirse ya no de su pasividad y su silencio, sino de su activa complicidad con los malvados. Es necesario que los diputados mediten sobre lo que ya han hecho y los senadores sobre lo que van a hacer. Quizá Dios exista e inspire a estos últimos a vetar el proyecto de ley y enviárselo a los primeros para que lo eliminen o, mejor, perfeccionen la ley actualmente existente para garantizar una mayor y mejor aplicación del principio de jurisdicción universal. Más terrenalmente, y aunque se reitera la improbabilidad de que vayan a rendir cuentas ante la Justicia, es pertinente recordarles que el artículo 451 del Código Penal califica como encubridor al que, sin haber intervenido como autor o cómplice en el delito y con conocimiento del mismo, interviniere con posterioridad a su comisión ayudando a sus responsables a eludir la investigación de la autoridad o de sus agentes, o a sustraerse a su busca o captura, siempre que concurra, entre otras, la siguiente circunstancia: que el hecho encubierto sea constitutivo, entre otros, de genocidio, delito de lesa humanidad, delito contra las personas y bienes protegidos en caso de conflicto armado. Si el favorecedor hubiere obrado con abuso de funciones públicas, además de la pena de privación de libertad, de seis meses a tres años, se le impondrá la de inhabilitación absoluta por tiempo de seis a doce años.

Se está por cometer un crimen de ilesa impunidad. Los genocidas y sus instigadores, que buscan inmunidades e impunidades por doquier, dormirán un poco más tranquilos, confiando además en el efecto multiplicador del ejemplo. Ojalá no les ocurra lo mismo a los legisladores que están por delinquir, aunque, como aquéllos, no vayan a ser castigados. Quizás el mal sueño los haga despertar.

martes, 29 de septiembre de 2009

Las leyes y las voces


Por Pablo Alabarces
(Crítica de la Argentina)

Uno se debe a su público: hace dos semanas, los atentos colaboradores de la página web del diario no hicieron otra cosa que recriminarme no tomar posición sobre la Ley de Servicios Audiovisuales, esa que la derecha argentina insiste en llamar “ley de control de medios”. No la había leído aún –son 150 páginas, tampoco es un folletito– y no quería parecerme a la mayoría de los que opinan, incluidos algunos legisladores y buena parte de los medios de comunicación: a todos ellos/as parece haberles faltado un buen tiempo de lectura. O un poco de honestidad intelectual, digamos.

Por mi parte, me dediqué estas semanas a leerla y a seguir el debate. Acuerdo con la ley, un poco más con las modificaciones que le hicieron en Diputados, espero que aún más con alguna modificación en el Senado. No es la mejor ley posible, pero, ¿cuál es la mejor ley posible, en esta Argentina y con el peronismo como gobernante?
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Por lo menos, rompe con los monopolios y con la hiperconcentración, federaliza un poco el espectro, amplía las posibilidades para que aparezcan otras voces, democratiza los órganos de aplicación. En este punto es donde pensaría las modificaciones más radicales: introducir la figura del concurso con supervisión académica, por ejemplo, esos concursos que un tipo como Mariotto jamás ganaría, pero la diputada Giúdici o Julio Bárbaro tampoco.

En este tipo de reformas, los organismos de aplicación, regulación y supervisión son claves: vean si no lo que ocurrió con la inutilidad de los que debían supervisar los servicios públicos. A pesar de muchas debilidades, las universidades públicas siguen siendo un lugar fantástico desde donde ejercer esas supervisiones: propongo pensar con más énfasis su rol como autoridad de aplicación. Quizá de esa manera se podría conseguir algo parecido a un Comfer que sirva para algo: lo que es éste, hay que disolverlo con premura. Para desdicha de los que anuncian el apocalipsis y la censura, el Comfer censor fue el de la presidencia De la Rúa, que en 2001 prohibió la difusión pública de ciertas canciones de cumbia villera. Pasamos del Comfer censor de los radicales al inútil de los peronistas: Tinelli aún espera su condigno castigo.

La clave de la ley es desmontar la hipótesis de que la comunicación y la cultura pueden ser espacios desregulados. Los que saben de esto, los especialistas en economía política de la comunicación, vienen señalando hace años que, en realidad, las políticas de medios de los noventa no desregularon, sino que re-regularon a favor de la concentración y los monopolios, además de incidir de manera desvergonzada a favor de esos mismos actores, por ejemplo, cuando Menem le cedió a Radio 10 la frecuencia de Radio Ciudad. No hay tal desregulación: la economía y la sociedad argentina se regularon a favor de los grupos de poder, con el aplauso entusiasta tanto de peronistas –que siguen aplaudiendo– como de radicales –que hoy se hacen las vírgenes suicidas–. Y lo que se jugaba y juega en estos ámbitos es crucial para el devenir de una comunidad: es nada más y nada menos que los espacios donde se construye y pone en circulación la mayor cantidad de bienes simbólicos. Identidades, memorias, expectativas, deseos –no pienso usar la palabra relato, devaluada por nuestra Presidenta–: y fíjense que los pongo en plural, porque además no se trata de una única versión del asunto, sino de su pluralidad –si el concepto de una identidad nacional me une con Macri, Aguinis, Moyano y Tinelli, prefiero volverme brasileño.

Por supuesto que todo esto no significa entregarse a los cantos de sirena kirchneristas. Como dijo Beatriz Sarlo en La Nación hace dos semanas, el Gobierno se mueve por impulsos y calenturas, fuera de todo plan y de todo programa. Entonces, una buena ley, más justa, no vuelve a este gobierno ni mejor ni más justo. Pero eso no puede llevarnos a criticar una ley porque anuncia una limitación a ciertas libertades: eso es una falacia insostenible, que sin embargo muchos sostienen y más creen. La libertad de expresión es una conquista democrática de quienes la ejercen, y de ninguna manera una concesión de las empresas periodísticas, que suelen trastabillar cuando las voces que reclaman no coinciden con sus intereses económicos desvergonzados. Hace pocos días, cuatro líderes piqueteros debieron recordarle a Tenembaum que si no hubieran cortado las calles, nadie los hubiera invitado a la tele –al cable, no a Telenoche.

Nadie puede afirmar seriamente que esta ley limite posibilidades de expresión. Los límites siguen estando en otro lado: en la economía y en la desigualdad, que tan poco hacemos por reducir. Esta ley se ocupa de ampliar algunas posibilidades para que las voces circulen: pero el problema seguirá siendo quién puede tomar la palabra –que no es lo mismo ni es igual.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El regreso de un tlatoani


Por Raymundo Riva Palacio
(Eje Central, México)

Carlos Salinas fue un presidente tan eficiente y con una inteligencia tan magnificada por la leyenda urbana, que está convertido en el mito que divide a México: lo odian o lo admiran. Sus adversarios lo ridiculizaron por un largo tiempo, estimulando incluso la proliferación de máscaras de hule que vendían en las esquinas de las principales avenidas de la capital mexicana, y socializando la parodia de que cada vez que llegaba a México -porque vive en Europa-, temblaba, lo que efectivamente sucedía, pero no por causas metafísicas, sino por juguetona coincidencia. Pero el tiempo y la lejanía de su administración, que terminó hace tres lustros, los derrotó. Salinas ha recompuesto su imagen pública y proyección política. Tanto, que popularmente lo consideran como el verdadero jefe del PRI.
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Su comportamiento político alimenta el imaginario mexicano. Quién, una publicación de creciente influencia en la clase gobernante, que ha combinado los contenidos de las revistas del corazón con la política, publicó en su último número una portada dedicada a Salinas, dedicándole seis páginas a una colección de fotografías de Mr. Socialité, como lo llaman, donde lo muestra en bodas y fiestas durante los últimos meses. La revista no informa más allá de la epidermis social que refleja, ni analiza, por lo que queda sin explicación el porqué de la percepción de las élites sobre su poder. Pero en esos eventos, como en otros no registrados por Quién, Salinas ha sido el centro de la atención.
Invitado de lujo, no deja de aceptar pláticas en instituciones académicas de alcurnia, como Harvard y Oxford, o convocar a tertulias a estudiantes de las más prestigiadas universidades, a la majestuosa biblioteca de su casa de dos pisos donde se apilan miles de libros. El año pasado, por ejemplo, en la boda de una de las hijas de la aristocracia de Monterrey, donde se encuentra buena parte del poder económico mexicano, coincidieron Salinas y el ex presidente Vicente Fox. Cuando se retiraron de la fiesta, Salinas tardó casi 30 minutos en alcanzar la puerta porque se paraban políticos y empresarios a saludarlo; Fox no tuvo mayor dilación en salir. Sus principales adversarios ayudan, paradójicamente, a alimentar la percepción de fuerza suprema. Andrés Manuel López Obrador, a quien Salinas trató inútilmente de golpear políticamente en 2004 y descarrilar su candidatura presidencial, no deja de señalarlo como el jefe de la mafia política que gobierna a México. Salinas debe disfrutarlo.
Cuando está en México, que es al menos una vez al mes por cuando menos una semana, satura su agenda con asuntos políticos. Suele reunir a varios de sus viejos colaboradores en torno a una mesa de trabajo en su casa en el sur de la capital federal, y como si fuera una de sus antiguas reuniones de gabinete, les pregunta cómo ven la situación del país y les expresa su punto de vista. Les pide trabajos específicos, como si aún fueran sus colaboradores, y recurre sin pudor a los más brillantes de aquél grupo que gobernó el país con él, sobre temas coyunturales. Algunos le siguen fieles; otros, ya se cansaron y sutilmente se han ido alejando de él.
Pero Salinas, quien durante toda su vida universitaria y profesional fue entrenado para ser presidente, no puede dejar de sentir, o de proyectar a sus interlocutores cuando menos, que tiene una misión para México. Esta es que los aspirantes a la candidatura presidencial no se peleen entre sí y pueda recuperar su partido el poder de la Presidencia en 2012, y no causen los cismas internos que le impidieron al PRI mantener el poder en 2000 y recuperarlo en 2006. Hoy, Salinas ha permitido que crezca la percepción de que es el padrino político del gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, quien es el político mejor colocado en la popularidad nacional, y cuyas preferencias de voto entre los priistas duplican la suma combinada del segundo y tercer lugar en la lista.
Peña Nieto ya ha dado señales que esa relación, aunque cercana, no es ni tan fuerte ni tan estrecha, pero el ex presidente no ha contribuido para matizarla. A Salinas le gusta hacer sentir que está detrás de las nuevas figuras del partido, como el gobernador del estado de México, o como Rodrigo Medina, quien es un clon de Peña Nieto -joven, atractivo, fresco-, quien asumirá en octubre la gubernatura del próspero Nuevo León, en el norte del país, y que es uno de los caballos negros para la candidatura presidencial en caso de que los principales contendientes terminaran aniquilándose unos a otros.
Tras las elecciones federales donde el PRI se alzó como la primera fuerza política del país -sin alcanzar, empero, la mayoría absoluta-, Salinas habló con varios gobernadores priistas para persuadirlos a que apoyaran a un incondicional de él, Francisco Rojas, como coordinador de los diputados priistas en el Congreso, que es una posición que, bien manejada, es muy poderosa. A cambio, le pidieron favores políticos. Uno de ellos, el de Oaxaca, Ulises Ruiz, quiere que le ayude a ser presidente del partido en 2011. Salinas no es de los que rápidamente da piezas de cambio, pero está buscando ampliar su poder. A través de los diputados más cercanos a él, ha enviado mensajes a otras figuras ascendentes en el Congreso para ofrecerles apoyo para que puedan quedar al frente de comisiones parlamentarias y que, de esa manera, le deban su emergencia política en esa Cámara.
El poder de Salinas, que se siente abrumador, no es tan infalible. Dentro del PRI lo conocen bien, y aunque sienten genuino respeto por su inteligencia y capacidad política, no hay subordinación ante él. Hay diputados que rechazaron el ofrecimiento de apoyo, porque no quieren tejer compromisos de esa naturaleza con él, y entre los gobernadores, los más veteranos lo mantienen a distancia. Varios líderes del partido lo ven como un actor que, aunque relevante, no deja de ser uno más de las personas cuya voz influye, pero no como el jefe político que muchos fuera del partido creen. El poder hacia dentro está más repartido, y las alianzas para 2012 apenas se están probando y conformando.
Pero el tiempo de Salinas ya pasó. Algunas de las figuras actuales le han perdido confianza porque sienten que los traicionó en el pasado, o que jugó con ellos. Ya no es el gran Tlatoani, con la T mayúscula de los dioses aztecas, sino un tlatoani con T minúscula, como hay varios dentro del PRI, que tendrán que arreglarse en los dos próximos años y negociar sus alianzas y comprometerse entre ellos, si no quieren que 2012 sea una reedición de las dos últimas elecciones presidenciales, donde se quedaron en la antesala del poder por no ponerse de acuerdo. En la firma de ese pacto, seguramente estará Salinas, pero no presidiendo el cónclave, sino ocupando uno de los lugares alrededor de la mesa. El poder que tuvo, aunque no quiera verlo, se ha venido diluyendo con el tiempo. Todo, como él mismo atestiguó en su metamorfosis de "villano" a "Mr. Socialité", como lo llamó Quién, se desgasta.

Eso de la comunicación


Por Eduardo Aliverti
(Página 12, Buenos Aires)

Cuando ocurre algo así, lo primero es apuntar que la fortaleza del sentido común no debe verse mellada por la presunta estrictez de las estadísticas. Y ni siquiera cabe hablar de los fantasiosos números del Indec sino de cifras cualesquiera, así las rodee el “prestigio” que tantas veces se inventa para favorecer intereses de los poderosos que atienden a consultoras privadas. En todo caso, el descrédito del organismo oficial azuza la sensación. Haber difundido que los pobres e indigentes de la Argentina son menos de un 14 por ciento es un despropósito. En una de sus últimas apariciones públicas, fue el propio Kirchner quien ubicó al índice por encima del 20 por ciento. ¿Cómo es posible esta contradicción? Vaya uno a saber qué milagro sucedió desde la primera mitad de 2008 para que haya un millón y medio menos de pobres, justo en medio del deterioro de los parámetros macroeconómicos. Y más allá de que el país soportó la crisis internacional, si no bien, mucho mejor que el resto. Como no sea –piensa el periodista, porque es lo único que se le ocurre– el hecho de autoestimarse impunes, o jugados por jugados. O, en la visión más benévola, presos de una forma de medir que no les deja otra opción a los técnicos.
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Básicamente, el Indec señala que los precios de la canasta básica de alimentos no aumentaron; que no hubo un crecimiento significativo del desempleo, y que por el contrario se incrementaron de modo sustantivo los ingresos de asalariados, jubilados y autónomos. Lo primero no resistiría el menor análisis, salvo que se tomen los reducidos productos que el secretario Moreno acuerda con algunas cadenas de supermercados. Lo segundo es correcto, como lo reconoce cualquier indicador. Y lo tercero, depende de si el cristal con que se mira es la inflación oficial o la real. No hace falta especialización alguna para apuntar esos aspectos, pero tampoco es eso de lo que se trata sino, para volver, del sentido común. En una enjundiosa nota publicada el jueves pasado en este diario, el director de la Encuesta Permanente de Hogares, Claudio Comari, dice por ejemplo que “se ha registrado en el período un importante crecimiento del número de personas que reciben asistencia a través de distintos programas sociales, como el Plan Familias y otros”. Caramba: ¿no cabe inferir que si aumenta de manera “importante” la cantidad de gente asistencializada es, justamente, porque la pobreza subió en la misma proporción? Pero vamos a suponer que la respuesta es negativa. ¿Un asistencializado deja de ser un pobre, o un indigente sube el escalón y pasa a serlo, por el solo acto de recibir un plan de ayuda o un plato de comida? Es, por lo menos, una lógica muy curiosa. Para no hablar de conceptos tales como la calidad de la vivienda, sin siquiera entrar en otros como el acceso a la educación y la salud o las probabilidades de esparcimiento. Y si es cuestión de que esas cuantificaciones corresponden a barrios estadísticos diferentes, entonces vuelve a agredirse al sentido común. Porque bajo ese raciocinio, resulta que si se vive en una villa o un suburbio marginal, en cuatro paredes desvencijadas, yendo a la escuela para comer o teniendo que esperar seis meses para un turno en el hospital, pero ayudado por un plan al que se sumen changas u otros ingresos circunstanciales, no se es pobre. Comari explica, y bien, que la medición de la pobreza a través de este mecanismo fue adoptada por la Argentina en los primeros años de la década de la rata, y que, como todavía no se tomó una nueva metodología, el Indec debe remitirse a publicar los números de acuerdo con esos criterios. Tomado esto por cierto (que lo es, o al menos nadie lo desmiente), y sin que haga falta desmenuzar tópicos como lo que provoca que, según el Indec, la Canasta Básica Alimentaria para un grupo familiar de matrimonio y dos hijos no llegue a los 500 pesos ($ 453,33), igualmente no hay modo de desmentir el choque desopilante que se produce entre la “prisión” numérica y lo bruto de la realidad. A pura caloría de papas, arroz y fideos, más planes de ayuda social, o algún empleo estable que supere mínimamente la marca de ingreso-base (empleo del que carece alrededor del 40 por ciento de la población), ocurre que el régimen calórico es suficiente y que se queda por encima de la línea de pobreza. Quizá técnicamente pueda ser irrebatible, pero seguro que moral y socialmente es un escándalo.

Alguien insospechable de simpatías opositoras, el sociólogo y consultor Artemio López, indicó en un reciente artículo: “Subestimando el nivel de empobrecimiento realmente existente, (el Gobierno) desatendió las políticas sociales específicas que brindaran al menos contención a la carencia; no desplegó un plan consistente de transferencia de ingresos a los hogares más vulnerables y, por ejemplo, permitió que colara en el segundo cordón bonaerense, con (más) de un 30 por ciento de las preferencias, un personaje insólito como el colombiano rojo. Una pena, pero nada es gratis”. Sin embargo, incluso señalamientos como el precedente permiten espacio para ciertas preguntas. ¿No puede haber mejores explicaciones oficiales? ¿Es necesario que se expongan al ridículo? ¿No tienen forma, o no la encuentran, para comunicar distinto? ¿Tanto cuesta pensar en una campaña pública que contextualice las cifras del Indec, como para dejar claro que no hay la intención aviesa de tomarle el pelo a la sociedad o de ignorar lo elemental? ¿Tan obligatorio era difundir estos números en el momento en que se debate la ley de medios audiovisuales, que el mismo oficialismo rotula como la madre de todas las batallas, dándole pasto a una oposición urgida de hallar aunque sea argumentos conexos para voltearla –la voluntad de engañar, para el caso– y sumando clima adverso en la población? ¿La contestación es que el Indec está reglamentariamente obligado a hacerlo de modo fijo y periódico? Vamos...

La percepción es que hay una suerte de descuido congénito, en el kirchnerismo, respecto del estilo informativo. Una cosa es cuando eso “responde”, adrede, y está más que bien, para marcar territorio de diferenciación. Cuando pasa por “acá somos y estamos nosotros y allá son y están ellos”. Porque eso es la potenciación del inevitable conflicto que significa la política si es que de veras quiere afectarse intereses. Lo hicieron muy adecuadamente en algunos campos precisos y relevantes: derechos humanos, disputa con la gauchocracia, desde ya que el proyecto sobre medios audiovisuales, la decisión durante todos estos años de no reprimir la protesta sectorial y social (al margen de la horrible resolución tomada en el conflicto de la ex Terrabusi). Los errores procedimentales no quitan lo valiente.

Otra cosa es que lo sano de esa cualidad confrontadora mute a talante despreciativo. O que se expanda contaminada de necedad a áreas que son muy sensibles para el común de la gente, como la pobreza o la inflación. Hay las soberbias bien entendidas. Y hay las inaguantables.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Cómo hacer una nueva política en la vieja Argentina

Por Alberto Fernández, ex funcionario del gobierno de Carlos Menem y ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner.

Los argentinos hemos logrado mantener nuestra democracia por más de veinticinco años. Frente a las experiencias institucionales del mundo desarrollado ése no parece ser un gran logro. Pero a poco que se tenga presente que el nuestro es un país que a lo largo de todo el siglo XX ha vivido colapsado por rupturas a las reglas democráticas, uno puede sentirse feliz por haber alcanzado más de un cuarto de siglo de respeto a la institucionalidad.

Entre 1930 y 1983 los ciclos democráticos cedían ante dictaduras golpistas que preservaban los intereses de las minorías carentes de la posibilidad de acceder al poder por el voto de la gente. Con la república recuperada, los ciclos políticos han estado directamente vinculados con los económicos. Así, el reconocimiento social de los gobernantes se relacionó con momentos expansivos de la economía. Pero cuando los mercados alteraron el mundo financiero, la desconfianza atrapó a los inversores y los ciudadanos limitaron su capacidad de consumo la política se deshilachó sin remedio.

Sin embargo, en estos días que corren todo parece indicar que estamos enfrentando una nueva experiencia. Ahora, la política sólo se debilita por sus propias incapacidades y son sus desaciertos la causa misma de la inestabilidad económica.
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Esa debilidad que apresa a la política argentina genera un estado de permanente desazón social. En estos casi veintiséis años de vigencia democrática la política no logró satisfacer muchas de las expectativas ciudadanas. Demolida en la consideración pública, se ha mostrado incapaz de consolidar estructuras en las que los votantes se vinculen a partir de sus ideologías o tras la defensa de intereses precisos. Las doctrinas se relativizan, las ideologías se diluyen en el pragmatismo y la acción política se minimiza hasta ser reemplazada por militantes rentados y vacías publicidades. De ese modo, la picardía desplaza al mérito, el discurso cede espacio a la imagen y ante cada elección un candidato de ocasión asoma. Es el mismo candidato que con el correr del tiempo acaba por decepcionarnos.

Cada vez que la política se enfrenta al rechazo social que sus propias incapacidades genera, asoma la mágica solución de la “reforma política”. Otra vez estarán los que quieran reinstalar el colegio electoral para que los argentinos no elijan directamente a su presidente; asomarán los que piensan que la política argentina se corrige con una ley que regule su financiamiento; habrán voces que reclamen la instauración de la boleta única para terminar con la influencia de los “punteros barriales” y la proliferación de “listas sábanas” y “votos en cadena”; y finalmente, aparecerán los que confiando en la tecnología requieran que los electores voten “electrónicamente”.

Por encima del acierto o error de cualquiera de esas propuestas, ¿son ésos los verdaderos caminos que conducirán al mejoramiento de nuestra política?

En la Argentina, radicales y peronistas dominan el escenario político desde mediados del siglo XX. En el imaginario público, esos partidos representan búsquedas diferentes: la defensa de la institucionalidad republicana en los radicales y la tutela de los sectores sociales más postergados en los peronistas. Aun así, ambos reconocen un aspecto común en su génesis: el personalismo de sus fundadores. Yrigoyen y Perón fueron importantísimos caudillos que con su carisma supieron conducir movimientos políticos y sociales que aún hoy prevalecen en nuestra sociedad.

Más allá de lo que el ideal público ha construido, la historia da cuenta de que ni el radicalismo ha abrazado incólume la defensa de la república ni los peronistas han atendido siempre el interés de los desposeídos. Tanto el feroz pragmatismo como la ausencia de elecciones ideológicas precisas han permitido que cualquiera encuentre en discursos aislados de los líderes fundadores argumentos suficientes como para justificar la condición radical o peronista. Nadie deja de advertir semejante dicotomía, pero en la búsqueda del poder los compromisos con las ideas se postergan hasta posibilitar que bajo un mismo paraguas partidario se amparen pareceres absolutamente antagónicos. Ésa es la razón por la que la socialdemocracia alfonsinista puede compartir una misma organización partidaria con el conservadorismo delarruista o que el neoliberalismo menemista quede amparado por el mismo techo que alberga el progresismo kirchnerista.

A su vez, seguramente por su naturaleza personalista, en cada contienda electoral ambos partidos han buscado el líder sustituto sin advertir que la avasallante personalidad que era propia de aquellos caudillos ha sido única e irrepetible. En la búsqueda del “conductor” no sólo se han acumulado desencantos, también se ha frustrado la posibilidad de organizar estructuras políticas que promovieran dirigencias de reemplazo a partir de debates profundos.

El bipartidismo en la Argentina está en aprietos desde hace muchos años. Pero la crisis se silencia sólo porque son precisamente esos dos partidos los que alternan el poder desde que la democracia volvió a establecerse en 1983. Así como la llegada al poder convoca a radicales o peronistas gregarios detrás del candidato emergente, la pérdida del poder los dispersa y los atomiza. Así se explica el “peronismo alfonsinista” o el “radicalismo K”.

Los inconvenientes derivados del bipartidismo jamás han sido suficientemente atacados. Aunque muchos han intentado la construcción de alternativas, la historia demuestra que todos esos emprendimientos han tenido el único propósito de organizar fuerzas electorales (no partidos políticos) para impulsar ocasionales candidatos. El MODIN nació para que Aldo Rico fuera diputado. El Partido Nuevo nació para que Luis Juez fuera intendente. Recrear nació para que López Murphy fuera presidente. El PRO nació para que Macri fuera jefe de Gobierno. La Unión-PRO nació para que De Narváez sea el futuro gobernador. El ARI nació para que Elisa Carrió lo manipulara y lo destruyera a su antojo. En la mayor parte de los casos, esos emprendimientos han durado poco tiempo. Algunas veces fueron fagocitados por las estructuras tradicionales. Otras veces terminaron esfumándose en el mismo instante en que se opacó la estrella del candidato que le había dado origen.

Ése es uno de los problemas centrales de nuestro funcionamiento político. El sistema de partidos es insuficiente y la acción dirigencial complota con la buena calidad democrática por el modo como ejercita y desarrolla la construcción de poder. Partidos sin ideas ni compromisos claros que unifican el discurso cuando el poder se aproxima e independizan a sus miembros cuando se aleja. Partidos sin debates ni programas que sólo valoran la audacia de los intrépidos.

La solución a este estado de cosas no es, como algunos sostienen, volver a fortalecer al radicalismo y al peronismo. El bipartidismo tal como se ha expresado desde 1983 en adelante sólo encubre la continuidad de la perversión que ha conducido a este estado de cosas. “Si buscás resultados distintos, no hagás siempre lo mismo”, nos recomendaría Einstein.

El secreto para lograr que la política vuelva a ser valorada socialmente reside también y principalmente en un cambio de actitud de quienes se precien de ser dirigentes. Sin liderazgos personales a la vista, es imperioso convocar a la sociedad en pleno a protagonizar un proceso de cambio que se inicie con un profundo y sincero debate que nos permita vincularnos detrás de ideas rectoras claras y nos posibilite transparentar quienes representan los distintos intereses que conviven en la sociedad.

El radicalismo y el peronismo necesitan reinventarse. Sólo debatiendo y confrontando las antagónicas posiciones que albergan podrán depurarse y dejar en claro qué representan y cuáles son las ideas que los gobiernan.

En la Argentina la derecha conservadora tiene vergüenza de serlo. Pero que exista una fuerza conservadora y democrática va a permitir darles una representación genuina a los que piensan de ese modo. Lo que es difícil es que los conservadores voten candidatos que creen conservadores pero que repentinamente propician la estatización de todos los servicios públicos porque un encuestador o un publicista lo recomiendan.

En la Argentina la izquierda progresista padece el poder como una suerte de castigo y prefiere asumir un rol meramente testimonial. Pero que exista una fuerza progresista, democrática y con vocación de poder se vuelve imprescindible para que tengan representación muchos que adhieren a ese pensamiento. Lo difícil es que los progresistas voten candidatos que creen progresistas pero que repentinamente terminan asociados al reclamo de los sectores dominantes de una economía muy concentrada.

Tal vez el primer paso para que la política se acerque a la gente es que los conservadores y progresistas dejen de atomizarse y se asocien en dos fuerzas que expresen claramente lo que piensan y lo que quieren representar. ¿No habrá llegado la hora de un pacto entre conservadores y un pacto entre progresistas como paso previo a un acuerdo superior sobre políticas de Estado como el que protagonizaron los españoles en los albores de su joven democracia?

Si reformamos la política principalmente con acciones antes que con normas, podremos analizar después si es posible rubricar un acuerdo semejante al que se firmó en el Palacio de La Moncloa el día en que los españoles se sintieron amenazados con el retorno de un pasado al que no querían volver.