martes, 26 de enero de 2010

¿El ejemplo de Chile?



Por Florencia Abbate (Crítica de la Argentina)

¿Cuál es “el ejemplo de Chile”?, me preguntaba hace unos días un tanto desconcertada, mirando C5N. Más tarde volví a ver en un programa de TN un titular semejante. Y más tarde comprendí su sentido gracias a Mirtha Legrand, quien hablaba emocionada de los comicios en el país vecino, y del ejemplo que la buena relación entre los dos principales candidatos debería significar para nuestros políticos, tan poco diplomáticos, tan peleadores, tan groseros. Fue un comentario generalizado. Un comentario que podría sintetizarse con la foto del afectivo saludo entre el nuevo presidente, Sebastián Piñera, y su opositor, Eduardo Frei, como si esa amabilidad entre ambos constituyera una muestra de la madurez democrática de Chile. Pero, ¿es así?

[Sigue +/-]


Un amigo chileno que históricamente apoyó a la centroizquierda y quedó desencantado por el hecho de que los gobiernos democráticos hayan continuado la línea neoliberal heredada de la dictadura, vio en esa foto una muestra más de los motivos de su descontento con la Concertación: el problema del sistema bipartidista, me dijo, es que los proyectos económicos de las únicas dos opciones se pueden llegar a parecer demasiado.

Por otra parte, la trayectoria del candidato que ha vencido es generosa en casos y comportamientos que no serían muy defendibles como ejemplos de moral democrática. Y durante la campaña no faltaron voces, Bachelet incluida, que salieron con justeza a recordarle eso a la ciudadanía.

Durante la campaña se mencionó por ejemplo la participación que había tenido Piñera en uno de los desfalcos bancarios más grandes de la historia chilena. Ante lo cual el acusado esgrimió: “Hay mala leche”. No pudo sin embargo desmentir que él y sus socios precipitaron la quiebra del Banco de Talca, del cual era gerente general, después de haber cobrado de ese banco millonarias sumas a través de una empresa de asesoría que tenía, y tras haberles concedido millonarios préstamos a empresas ficticias que ellos mismos crearon y que utilizaban los créditos para comprar acciones del banco. Si bien estuvo 24 días prófugo de la Justicia, logró posteriormente que su hermano, entonces ministro de Pinochet, intercediera para que la Corte Suprema lo ayudara a no ir a prisión.

En 1992 planeaba presentarse como candidato presidencial a las siguientes elecciones, pero surgió un imprevisto. En un famoso programa televisivo revelaron una conversación telefónica en la que Piñera daba instrucciones para dejar mal parada a Evelyn Matthei, que también quería ser candidata a presidente por el mismo partido: “La gracia es que trate elegantemente de dejarla como una cabrita chica, cierto, despistada, que está dando palos de ciego, sin ninguna solidez”, decía allí sobre su correligionaria, y ambos tuvieron que retirar sus candidaturas.

Asimismo, se recordó que en 1997, durante su gestión como parlamentario, aprovechó su cargo en el Senado para conseguir que Endesa España le pagara por sus acciones de una empresa de energía eléctrica un precio mayor que el que se ofreció a otros accionistas. Sobre lo cual ha expresado que era lógico que él aprovechara ese beneficio.

Al año siguiente se lo vio participando en la campaña en repudio a la detención de Pinochet en Londres. Y allí lanzó una frase que para muchos sobrevivientes podría sonar involuntariamente irónica: “Los Pinochet merecen toda nuestra solidaridad”.

Ya hacia el año 2004 compró unos terrenos que aún le reclaman comunidades indígenas huilliches que vivían allí. En esas 115 mil hectáreas instaló un parque verde al estilo del Parque Yellowstone, esperando venderles entradas a 100 mil visitantes cada año. Los dirigentes huilliches consideraron una “ofensa”, y sobre todo una grave “provocación”, que Piñera rebautizara su parque privado como “Tantauko”, nombre que hace alusión al Tratado firmado en 1826 entre Chile y España, y que reconoce los derechos a perpetuidad de los huilliches sobre las tierras de la Isla Grande de Chiloé.

"Tantauko” es también el nombre que eligió para llamar a los grupos de “mentes brillantes” que lo asesoran, y que estuvieron trabajando dos años en 36 comisiones para armar el programa de gobierno del empresario. Mayor apoyo a las empresas y mayor flexibilidad laboral son las bases del plan económico que 1.200 técnicos diseñaron para Piñera. Y en ese sentido, la frase “el ejemplo de Chile” podría traer a la memoria otra frase, acuñada por Milton Friedman, “el milagro de Chile”, que celebraba con cinismo la desquiciada desregulación económica llevada adelante por la Junta Militar y planificada por economistas de Chicago.

Pero no se trata aquí de criticar al elegido, que siempre se ha presentado como lo que es: un exitoso “tiburón” en los negocios, un “gran especulador”, lo que lo ha convertido en uno de los hombres más ricos del continente. Lo destacable es quizá que a esta altura ese tipo de datos en la trayectoria de un candidato no es algo que logre indignar a la gente ni impedir que se lo vote. Y de eso no es Chile el único ejemplo. ¿A qué le llamamos, entonces, “madurez democrática”?