miércoles, 15 de julio de 2009

Responsabilidad

Por Gonzalo Arias, docente de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad de Buenos Aires (Página 12, Buenos Aires)

Como decía César Jaroslavsky, “los medios atacan como partido político y se defienden con la libertad de prensa”. Paradójicamente, luego de las elecciones del domingo 28, las acciones de uno de los grupos de multimedios más importantes aumentaron en un 30 por ciento en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires.

Los medios de comunicación son un pilar esencial a la hora de construir la realidad de un país. Ellos deciden qué mostrar y de qué manera, de eso no hay duda sea cual fuere el enfoque teórico desde el cual se los analice. Por eso, es interesante, pocos días después de las elecciones nacionales legislativas, hacer un breve repaso de la lectura que hicieron el “día después”.
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Entre alusiones y omisiones, los guarismos mediáticos dejaron entrever que Gabriela Michetti obtuvo un 31 por ciento en Capital Federal y Néstor Kirchner un 32 en la provincia de Buenos Aires. Dos años antes, el Frente para la Victoria conseguía el 47 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales y, ese mismo año, Mauricio Macri ganaba en ballottage en la ciudad de Buenos Aires, con más del 60 por ciento de los votos.

Si bien es cierto que Michetti se impuso en Capital Federal y Kirchner perdió en la provincia de Buenos Aires, el ex presidente logró un porcentaje mayor al de Michetti y, a su vez, en ambos partidos se vislumbra una disminución preponderante entre el apoyo conseguido en el 2007 y el actual.

La lectura de los medios respecto del escenario nacional refiere que el 70 por ciento de los argentinos no votó a Kirchner y, sin embargo, en Capital, sólo afirma que Michetti ganó, consolidando así la propuesta del PRO. ¿Por qué ignorar que hubo también un 70 por ciento de la población que no apostó por el proyecto PRO?

¿Por qué los grandes medios muestran esa direccionalidad en sus lecturas de lo que sucedió en la Ciudad y a nivel nacional? Se le reclama al Gobierno responsabilidad para poder mantener la gobernabilidad ante un escenario adverso, pero no se le exige lo mismo a la oposición, que debería cumplir un papel igualmente responsable, acompañando y apuntalando para fortalecer el sistema democrático. Nadie puede atentar contra el Estado ni contra el normal funcionamiento de las instituciones democráticas, para ello los gobiernos deben ser responsables y bregar por los preceptos constitucionales. Pero, ¿qué pasa con la responsabilidad de los medios de comunicación?

Hace pocos días se produjo en Honduras la destitución del presidente constitucional José Manuel Zelaya Rosales por parte de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, la versión española de la cadena de noticias de Estados Unidos CNN titulaba este episodio como “transición forzada”. A partir de la manera de comunicar lo sucedido en Honduras, ¿es responsable la CNN sosteniendo, de alguna manera, el golpe de Estado?

No hay dudas de que en las sociedades actuales, donde el acceso a la información es marca de ciudadanía, los medios de comunicación cumplen una función social de gran envergadura. Son los principales productores culturales de la época. No obstante, los políticos pasan y reciben su escarmiento en las urnas, la población trata de sortear las sucesivas crisis que nos aquejan en las últimas décadas, ¿y los medios? ¿Qué función cumplen para lograr que el país crezca y se consolide en su vida democrática?

No recuerdo que este actor social haya recibido quejas por parte de la sociedad en relación a la responsabilidad que están obligados a cumplir. Ni siquiera en casos tan evidentes como el que pasó hace unos meses con un diario deportivo que convalidó como información exclusiva un fotomontaje que había realizado un aficionado a un foro de Internet. Sin embargo, hablamos de que es estratégica la manera en la que se transmite y recibe la información por estos días.

Deberíamos ser más exigentes a la hora de equilibrar las demandas de responsabilidades, es cierto que necesitamos políticos comprometidos con sus electores, pero también necesitamos medios de comunicación responsables en el tratamiento de la información. Recordemos que en España, cuando fue el atentado en la estación de trenes Atocha, el gobierno de José María Aznar y los principales medios le atribuyeron el siniestro a la ETA para despegar al gobierno español de la política exterior de Estados Unidos a pocos días de las elecciones presidenciales. Sin embargo, el pueblo español se manifestó y exigió la verdad. El atentado fue realizado por la organización Al Qaida, y José Luis Zapatero fue elegido presidente en aquel marzo de 2004.

La ciudadanía también tiene que asumir la responsabilidad de exigir ser informada responsablemente y que no le mientan. Ni cuando nos cuentan acuerdos millonarios con China, amenazas de corridas bancarias u olas de inseguridad. Tiene que buscar herramientas que le permitan avanzar en este sentido. Si la agenda pública sólo se construye según los intereses que indican balances comerciales de los medios, quiere decir que la población se está perdiendo de algo o, lo que es peor aún, no recibe información, un recurso indispensable para ejercer la ciudadanía plenamente en el siglo XXI.